HAN transcurrido veintisiete años desde la ruptura de Estados Unidos con el régimen de Teherán. Durante este tiempo, ha desaparecido la Unión Soviética y ha finalizado la guerra fría. La situación estratégica es ahora distinta. Estados Unidos es la única superpotencia y ha concentrado su interés en Oriente Medio, de donde salieron los terroristas que perpetraron los atentados del 11-S del 2001 y donde está el petróleo en grandes proporciones. Irán y Estados Unidos se acusan mutuamente y en la región del Golfo Pérsico se ha iniciado una nueva guerra fría con el incremento de los arsenales militares de uno y otro lado. Pero esta semana se han producido tres hechos estratégicamente notables. Convocados por el presidente Maliki, se reunieron en Bagdad los embajadores de Irán y EE.?UU. para examinar el plan de seguridad de Irak. Es verdad que la reunión ha sido al más bajo nivel. Pero es bueno que Irán quiera cooperar en la difícil solución de este sangriento conflicto, en el cual los chiíes llevan la peor parte. Resulta también positivo que EE.?UU. acepte la intervención iraní en Irak de una manera más directa. Se trata de un tímido paso para llevar el conflicto por cauces diplomáticos y la negociación a un terreno en el cual todos tenemos que ganar. Pronto veremos si esta iniciativa ha servido para algo y si el eje del mal se ha esfumado. También esta semana, la Unión Europea ha enviado a Solana a Madrid para ofrecer nuevamente a Irán enormes ventajas económicas y tecnológicas si accede a paralizar el programa de enriquecimiento del uranio. Mientras tanto, el G-8 se ha reunido en Postdam (Alemania) y entre otros acuerdos ha confirmado el régimen de sanciones a Irán aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, cuyo plazo ha expirado sin que los persas cediesen en su empeño. Se está iniciando así una crisis internacional que en relación a Irán ofrece posibilidades de acuerdo y colaboración en el conflicto de Irak, por un lado; pero también a su vez inicia una escalada peligrosa en el asunto del programa nuclear iraní, que no cede.