LOIS BLANCO | O |
25 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.QUIZÁ Fomento no sepa qué hacer si mañana se estampa un petrolero en O Roncudo, pero nunca duda en qué protocolo aplicar cuando hay un accidente ferroviario: echar balones fuera. Se anuncia una investigación y se sugiere que el accidente fue culpa del conductor que se saltó la barrera, del maquinista de la locomotora que excedió la velocidad, del operario de las agujas o de un sabotaje. El guión no varía. Aunque hace dos siglos el Imperio británico ya había construido más kilómetros de vías en la India que los que hay en Galicia, aquí somos una potencia en pasos a nivel gracias al sinfín de pistas que surcan las cuatro provincias y atraviesan las escasas líneas férreas. Porque se está velando a tres cadáveres y antes que tarde volverá a haber otro vehículo arrollado en un paso a nivel, urge saber la verdad del accidente. Fomento aplicó ayer en Valga el protocolo habitual. Dio a entender que los sistemas de seguridad funcionaron y que, por tanto, ni tienen responsabilidad ni nadie a quien indemnizar. Puede que sí o puede que no, porque un testigo presencial perjura que las vallas se habían levantado cuando el automóvil comenzó a cruzar la vía. Si un conductor se salta la barrera (palabra equívoca porque es un palo que sólo ocupa la mitad de la calzada), el poco sentido común que le queda será para mirar a un lado y a otro por si viene el tren. Como la velocidad ferroviaria es y seguirá siendo en Galicia durante mucho tiempo la que es, al tren se le ve venir y, si el coche no se cala, salir del aprieto con un acelerón. A la espera de que la investigación no se resuelva cuando ya sólo los familiares de los muertos recuerden el accidente, lo único seguro es que, si los plazos de construcción del AVE se hubiesen cumplido, ese paso a nivel ya no estaría donde está.