Los coruñeses pueden respirar tranquilos. Su puerto exterior tendrá carretera de acceso y se estudia también el trazado de la línea ferroviaria que llegará algún día a Punta Langosteira. El de Ferrol, se supone que antes de que termine el año 2008 estará comunicado. Eso sí, con una carretera convencional, nada de lujosas autovías. Del ferrocarril sólo se sabe que está en fase inicial de estudio. Que los dos puertos actualmente en fase de construcción en Galicia tengan sus vías de comunicación a medio resolver no debería sorprender en un país que tiene tres aeropuertos y a ninguno de ellos se puede llegar en tren y sólo el de Santiago está comunicado por autovía. Naturalmente, tampoco se ha planteado que el AVE se acerque a las inmediaciones de las terminales aéreas. Primero habrá que resolver la entrada del tren de alta velocidad en las ciudades, las estaciones y la conexión del nuevo enlace ferroviario con las líneas ya existentes. Y con las demás redes de transporte público, tanto urbano como interurbano. Y ya puestos a resolver nuestra tradicional incomunicación, podríamos empezar a preocuparnos de las áreas metropolitanas que siguen creciendo en torno a nuestras grandes ciudades, por la pujante iniciativa de quienes proyectan grandes y sucesivas urbanizaciones sin que casi nunca se plantee al mismo tiempo que quienes allí se trasladen deberían contar con transporte público, que en Galicia suele limitarse al autobús, porque el ferrocarril de cercanías que tanta eficacia demuestra por Europa aquí es pura ciencia ficción. Claro que tampoco les serviría de mucho un autobús urbano a quienes después tengan que ir a trabajar a uno de los numerosos parques empresariales del entorno de esas mismas ciudades. También han nacido y crecido sin otro servicio de transporte público en la mayoría de los casos que el coche de línea que ya comunicaba al pueblo de al lado hace dos o tres generaciones. No es extraño que los nuevos puertos tengan sus comunicaciones a medio resolver. A la vista de este panorama, lo sorprendente sería lo contrario.