El cuento de nunca empezar

OPINIÓN

ES CÉLEBRE la paradoja que plantea que sería imposible vaciar una botella si se fuese sacando de ella cada vez la mitad del líquido que contiene en su interior. Actuando de ese modo -es decir, vertiendo primero la mitad, luego la mitad de la mitad, más tarde la mitad de la mitad de la mitad¿ y así hasta el infinito- la botella se iría descargando poco a poco, pero nunca llegaría a vaciarse por completo. ¿Estará algún día terminado el AVE que ha de comunicar Galicia con Madrid? Quienes saben del asunto afirman que sí, rotundamente, pero construyen su discurso sobre el tema con una lógica similar a la de la paradoja que acaba de exponerse: según ese discurso, los plazos se van reduciendo y los kilómetros construidos ampliándose de un modo que da la sensación de que siempre quedará un plazo por cumplir y una parte del trazado por hacer. Esta tomadura de pelo -que viene siéndolo desde hace mucho tiempo y de la que no se libran ni los tirios del PP ni los troyanos del PSOE- debería haber provocado ya un plante institucional y popular, pues al agravio objetivo de esta obra eterna se añade el comparativo de ver cómo proliferan trenes rápidos en otras partes del país en las que, con seguridad, urgen menos que en Galicia. Es cierto, en todo caso, que también esta forma peculiar de responder -o mejor, de no responder- a esos agravios podría explicarse con otra conocida paradoja: aquélla según la cual si un árbol se talase en un bosque donde no hubiese nadie en el momento en que se produce su caída, ésta sería insonora por completo. ¿O no resulta evidente que el ruido sólo existe cuando hay quien pueda oírlo? Del mismo modo, para que la tomadura de pelo de nuestro AVE interminable no fuera, como parece ser, una cosa virtual, sería necesario que existiese una clase política y una sociedad dispuesta a ofenderse de verdad por una gestión consistente en prometer siempre más y más, prueba irrefutable de que las promesas van incumpliéndose de forma progresiva. Así, sólo cuando no haya plazos nuevos que prometer, podrá decirse que, ¡al fin!, el AVE habrá sido terminado. Entre tanto, no hay que ser catedrático de Derecho administrativo para saber que es imposible que una obra avance si antes no se licitan los proyectos. No es ésta, a la postre, la menor de las paradojas que he venido mencionando. Pues, al final, y después de muchas vueltas, el tren rápido llegará, si llega, con toda lentitud, tras formularse sucesivas promesas que son siempre como la mitad de la mitad, y tras una obra que comenzó siendo el cuento de nunca acabar y ha terminado por ser el cuento de nunca empezar.