Musas y plátanos

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

COMO ocurre siempre, la acepción más conocida de musa es la de letras, por decirlo en términos coloquiales. Musa es cada una de las deidades que habitaban en el Parnaso, presidido por Apolo, y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. Musa es sinónimo de inspiración, sobre todo de poetas, aunque por extensión se aplica a todo tipo de creación. No existe ninguna musa para la Ciencia en general. La más próxima sería Urania, que se encarga de la Astronomía. Existen otras musas. Son las plantas pertenecientes a la familia de las musáceas. El nombre se le asignó en recuerdo de Musa, médico romano, quién curó al emperador Augusto de una dolencia hepática. Los plátanos pertenecen a esa familia, con más de ochenta especies, como la Musa paradisíaca L., entre otras. Cualquiera diría que los plátanos salen de las musas. En los nuevos Parnasos (como La Moncloa), ¿existirán musas políticas, que inspiran las decisiones de nuestros dirigentes? Si es así, la musa de Rodríguez Zapatero (¿Mª Teresa Fernández de la Vega?) lo tiene abandonado. Su ministro de Justicia se va a tierra de Musas (Canarias) y su sustituto incrementa la crispación existente antes de tomar posesión.