¿DE qué se ríen detrás del parapeto de cristal? ¿Para qué es el parapeto de cristal? No me interesan las guerras maniáticas sobre el tipo de explosivo ni sobre la orquesta Mondragón. Sólo quiero la verdad, desnuda. Me indigna ver cómo uno de ellos, de los presuntos asesinos del 11-M, es capaz de echarse una siesta en medio de las sesiones del juicio. ¿Es humano matar?, es humano dormir. Lo vemos por televisión. Como cierra los ojos y descansa. Es terrible. Nos gustaría tanto volver atrás. Parar el reloj y detener los trenes. Detenerlos a tiempo, con las bombas en sus mochilas, sin explotar. Las víctimas sufren al revivir los hechos. Hay gente con secuelas físicas. Hay muchos hijos, madres, hermanos a los que se les ha saltado la cinta de la cabeza con tanto dolor. Tenemos que impartir una justicia implacable e impecable sobre los autores de la masacre para no dejar de creer. Que hubiese unas elecciones en juego es lo de menos. Eso entretiene a los políticos, les excita. A los ciudadanos que podíamos haber ido en esos trenes nos interesa lo que pasó y, sobre todo, cómo pudo llegar a pasar. Se oyen cosas increíbles. Asesinos que eran posibles confidentes de la policía. Fallaron todas las alarmas. Y llegó la infernal mañana. Una montaña de muertos sobre nuestras conciencias. La culpa no fue del chachachá. Detrás de tanta muerte hay unos asesinos, unos culpables, otros que les vendieron los explosivos. Queremos los detalles y las condenas. No me interesan las manipulaciones. Demasiadas manifestaciones. La auténtica manifestación empezó al fin en la Casa de Campo. La Audiencia Nacional tiene la palabra. Es el mayor atentado terrorista en Europa. 191 muertos y más de 1.800 heridos se merecen una lección de justicia. Toda la verdad y nada más que la verdad. Por favor.