La transfiguración del monte Gaiás

OPINIÓN

07 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL EPISODIO del monte Tabor, que cuenta san Mateo (17, 1-8), se va a quedar hecho una birria cuando se escriba la historia del monte Gaiás. Porque, mientras allí se transfiguró Jesús, que es Dios verdadero y enseña su gloria donde quiere y a quien quiere, lo que se transfigura en Compostela es el monte mismo. Primero era una toxeira con vistas a la catedral, entre la vía del tren y el barrio de Angrois. Después se transformó -con Pérez Varela- en Cidade da Cultura. Cuando llegó el bipartito se desveló su condición de mausoleo de Fraga. Más tarde, gracias a la comisión de expertos, el tal mausoleo mutó de nombre y perdió su palacio de la ópera. En diciembre, tras sesudas reflexiones, el célebre Gaiás entró en la senda de las empresas privadas, que, integradas en una fundación mixta, iban a soltar la pasta gansa y a conectar la pirámide de Eisenman con los primeros centros culturales del mundo. El pasado martes, finalmente, el monte Gaiás se convirtió en proyecto de Estado, con dinero madrileño y un curioso propósito: servir de puente cultural con Iberoamérica. ¡Es impresionante! Lo más curioso es que esta misma condición de puente con América se la otorgó Zapatero -sin poner un solo duro- al impresionante edificio de la Universidad Pontificia de Comillas. Y lo que más estupor produce es que la solución del martes es la segunda que se presenta, con carácter triunfal y definitivo, en el plazo de dos meses. Y es que el estilo Fraga hizo escuela en el Finisterre, y tanto es nuestro nivel de eficiencia que, lejos de contentarnos con solucionar cada problema una sola vez, tendemos a solucionarlo tres o cuatro veces. En los despachos de Vicepresidencia, y en la Consellería de Cultura, dicen que nada tienen que ver con esta última transfiguración y que les resulta muy difícil saber en qué consiste un proyecto de Estado que sigue gestionando y pagando una comunidad autónoma calificada como objetivo 1 -sinónimo de pobreza- por la UE. Y muchos gallegos nos preguntamos si todo va a seguir así, genialidad tras genialidad, por el camino de Angrois (nunca mejor dicho). En Galicia sabemos mucho de estas genialidades, porque, antes de afrontar la gran obra del Gaiás, ya hicimos interesantes ensayos con la Feira de Silleda, que es una monumental ruina; con el Canle de Experiencias Pesqueiras, que nunca se utilizó para nada; con el Monte do Gozo, que costó mil millones de pesetas por cada día de uso, y con una serie de instalaciones culturales que están a pájaros o infrautilizadas casi todo el año. Aunque nada tan problemático como este monte Gaiás que se transfigura y cambia cada mes, haciendo palidecer la gloria del monte Tabor. ¡Un milagro!