04 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

ÚLTIMAMENTE, los servicios secretos, el espionaje y otros temas similares, se parecen cada vez más a los prestados por la TIA (equivalente a la CIA en los cómics). En un Consejo de Ministros de finales de enero se aprueba la compra de dos aviones espía. No sólo lo anuncian a la prensa, sino que dicen a qué país van a espiar. Ahora todo se publica. El espionaje se está pareciendo cada vez más al cotilleo. Todo el mundo quiere saber quiénes son los espías, a quiénes espían, por qué los espían... Estas cosas no deberían salir a la luz. O se espía o no se espía. Pero si se espía conviene no decírselo a quien se va a espiar. Esta reflexión valdría para la negociación con bandas terroristas, como ETA. No se puede ir al Congreso a plantear el tema y pedir permiso. Las negociaciones deberían de hacerse en secreto, negando cínicamente cualquier evidencia de negociación. Mientras, los servicios secretos deberían de hacer su trabajo sin comunicárselo a los medios de comunicación. Sólo se haría saber si la negociación culminase con éxito. Señores del Gobierno, si compran aviones espía o si intentan negociar para acabar con el terrorismo, no se lo digan a nadie o su espionaje será como el de la TIA.