¿Y ahora qué?

OPINIÓN

ETA volvió al atentado. Quizá no se fueron nunca. Engañaron las esperanzas de las buenas gentes. Puede que hasta la fe de unos negociadores que tras la reunión navideña se desearon paz y salud. Ingenuos y malintencionados, han estado de por medio en un proceso que trató de acercarse a la desaparición de la violencia, pero nunca del conflicto, que ha estado presente en el precio político exigido por el Movimiento de Liberación Nacional Vasco para poner fin a la lucha armada en nombre de los derechos históricos del pueblo vasco, del que se han erigido en representantes permanentes. Esta es la primera clave de futuro. ¿Seguirá el pueblo vasco dándole carta de naturaleza al MLNV? Batasuna ha perdido su oportunidad. No volverán a las instituciones democráticas, tendrán que conformarse con dar voces en las calles. No tuvieron coraje para marcar distancias con ETA. No han sido capaces de condenar el atentado de Barajas, incluso cuando todo indica que no lo había ordenado la cúpula controlada por Ternera, el amigo de Otegi. Zapatero tendrá que convencer al país y a sus representantes de no haber sido el incauto que hasta el último día antes de la bomba nos vendía la esperanza del final de ETA. Pero peor lo tendrá para explicar las promesas, que figuran en actas de ETA, sobre las reuniones de socialistas vascos con dirigentes aberzales, a inventario de la paz. ETA puede elegir entre dos senderos. El modelo irlandés de poner orden interno, y entregar o neutralizar a los que llevan algún tiempo discutiendo la autoridad de Ternera, o el viejo modelo etarra de cerrar filas en torno a los más bárbaros emprendiendo la huida hacia delante con más atentados, muertos, miedo y miseria, en la creencia de que por ese camino llegará la victoria y ponen a la sociedad a sus pies. La sociedad volverá a las concentraciones que retroalimentan, con hastío, el espíritu de la libertad y dignidad, pero que a los de la subcultura les importa un comino. Y tras otro período de acción-reacción, alguien comenzará a insinuar que hace falta diálogo, buscar fórmulas y personas capaces de poner fin a la violencia. Y, vuelta a empezar otro proceso como el que se truncó el 30-D. Euskadi seguirá siendo rica y próspera, con más autonomía que ninguna otra región de Europa, pero su juventud seguirá dudando si hacer la revolución con los hijos de Aitor. Personalmente, me dan ganas de exiliarme.