Más Europa

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

06 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

DOS NUEVOS países (Rumanía y Bulgaria) se han incorporado a la Unión Europea como miembros de pleno derecho y suman ya 27 naciones, con 500 millones de habitantes, consumidores o votantes. Así, el globo europeo, que empezó con seis, luego doce, después quince¿ ya va a por los treinta países que se instalan en la enorme torre de Babel. Las creencias, las culturas y las lenguas; sus economías, sus niveles tecnológicos y sus formas de vida, junto con las raíces históricas, todo se tiene que juntar, amalgamar, para que al final nos sintamos europeos. Y alguien seguro que se preguntará: ¿para qué quiero ser europeo? El proyecto de unir a las naciones y pueblos de Europa es una gran empresa que a muchos nos puede ilusionar pensando en el futuro; es un proceso de evolución histórica a largo plazo. No se va a conseguir de inmediato, entre otras cosas porque en esa unión faltan países tan importantes como Noruega o Suiza, sin contar los balcánicos de la ex Yugoslavia y los limítrofes con Rusia, sin olvidar a los turcos. Así, este proceso va para largo, y todavía Europa no existe por encima de las naciones que la conforman. Estamos asistiendo al despertar geopolítico de un nuevo mundo en el cual las grandes naciones como China, India o Brasil son poderes potenciales que se revelan como conjuntos políticos y económicos que en unos pocos años van a pesar en el escenario internacional para conseguir no proyectos hegemónicos de tiempos pasados, pero sí para establecer las condiciones de acción política que busquen las mejoras de la humanidad en cosas tan elementales como la lucha contra las enfermedades, el hambre y la incultura que ellos mismos padecen en gran parte de sus poblaciones. En esta situación, Europa ha de estar presente como potencia económica y cultural que tiene mucho que aportar al bien común. Si no lo hace se quedará en la retaguardia mundial, viviendo de recuerdos melancólicos, en un proceso de descomposición histórica, tal como le ha sucedido en el mundo a tantas civilizaciones. Por eso, bienvenidos los nuevos países a la torre de Babel; a ver quién es capaz de gobernarla.