LA SITUACIÓN desesperada de este país, en fase terminal, ofrece un cuadro del enfermo que sólo puede ser salvado con decisiones extremas. En EE.?UU., la Comisión Baker, para buscar una solución a Irak, ha llegado a la conclusión de que allí no se puede hacer nada sin contar con la ayuda de los dos países vecinos que son Irán y Siria, ambos calificados por Bush como eje del mal. Creo que ya mencioné anteriormente un principio estratégico que se repite a lo largo de la historia; es lo que se conoce como el principio de la inversión de frentes, que significa que los que antes eran adversarios después son aliados. Pues bien, éste es el caso de Irán y Siria para el futuro de Irak. Irán tiene un régimen que aspira a ejercer el liderazgo del mundo chií, que en Irak es casi el 60%. Si consigue su propósito de convertirse a largo plazo en potencia nuclear, no cabe duda de que tendrá la hegemonía de la región. Su postura de enfrentamiento a EE.?UU. desde que nació el régimen de los ayatolás, hace ya 25 años, podría ahora alcanzar el reconocimiento del sistema político por parte norteamericana a cambio de cesar en su hostilidad. El caso de Siria sería más fácil y más importante para el futuro de Irak. Porque Siria y su régimen baazista es el principal apoyo de la resistencia iraquí; lo mismo que en el Líbano con Hezbolá. EE.?UU. puede ceder en su presión sobre el régimen sirio, que se siente altamente cuestionado por su intervención en el Líbano y las muertes de los líderes opositores, Hariri y Gemayel, a cambio de conseguir el apoyo para la pacificación de Irak. El futuro de Irak en el próximo año podría pasar por la destrucción del país o por su recuperación definitiva. Recientemente, el presidente Maliki ha prometido que se va a responsabilizar totalmente de la seguridad nacional dentro de unos meses, aunque los soldados norteamericanos van a seguir allí.