Lluvias y culpas

| JUAN CARLOS MARTÍNEZ |

OPINIÓN

28 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NUNCA llueve a gusto de todos. A veces llueve a disgusto de todos, como estos días en Vilagarcía. Viendo el desastre, las lágrimas de los vecinos, los coches -a los que tanto se sacrifica- escacharrados, no se nos ocurre decir, como al italiano: «¿Piove?, ¡porco Governo!». Y sin embargo... La lluvia torrencial no es responsabilidad de nadie, pero la construcción irracional de las ciudades, sí. Es una culpa difusa, de los arquitectos, de los promotores, de las financieras, de los ayuntamientos, de los mismos ciudadanos que compran pisos. No es corrupción ni delito. No hace falta ser un monstruo para hacer mal las cosas. Viene la pujanza arquitectónica, se aprovecha todo el terreno, se tapan los cauces y en 30 años ya nadie recuerda por dónde venían las escorrentías. Vilagarcía puede presumir de su entorno... si vas en helicóptero. Ya no es la villa-playa del hostal Carballinés y la mansión de los Terranova. La cuesta natural de aquel fin de valle se allanó. El litoral se tapó con enormes edificios-cortina. Pocas ciudades tan próximas al océano, tan marineras en su historia y en su forma de vivir, han dado tan rotundamente la espalda al mar. Y en esto no se exige trazabilidad, así que no hay culpas. La belleza perdida es difícil de recuperar. Para ir tirando, al menos, habrá que reabrir los viejos cauces del agua.