Gestión política en la I+D

OPINIÓN

EN UN CLIMA de bonanza en la percepción ciudadana de la acción de gobierno del bipartito, como pone de manifiesto la encuesta sobre la situación social en Galicia, parece aconsejable -año y medio después- revisar gestión y objetivos políticos del programa bipartito. En primer lugar porque no es bueno acordarse de santa Bárbara cuando truena, pero sobre todo porque la bonanza no conjura la indiferencia, y en ella puede anidar el desinterés y la abstención. Además, 2007 es un año importante. En estos presupuestos deben estar, sin premuras de los primeros meses, las marcas de fábrica de la acción política y de gobierno. Pero también las señales de lo que serán prioridades de los últimos fondos de cohesión y convergencia de la Unión Europea. Situados en ese contexto, se entenderá que uno de los principales objetivos de este Gobierno, la investigación y la innovación, pueda merecer destacada atención. Está pendiente de debate parlamentario el nuevo plan 2006-2010, dotado con unas previsiones presupuestarias de ochocientos millones de euros. Y además existen unas previsiones, en los próximos ocho años, de otros trescientos cuarenta millones de euros para Galicia del Fondo Tecnológico de la UE. La propia documentación del plan analiza debilidades y fortalezas del sistema de investigación e innovación. Y si bien el diagnostico es certero, quedan cuestiones centrales sin abordar adecuadamente. Es obvio que en el ámbito empresarial y dado su posicionamiento ante la innovación, muy por detrás de la media española, el plan puede generar acciones incentivadoras para hacer frente a las carencias y atraso actual. Sin embargo, es en el marco de lo público donde se observa carencia de instrumentos para hacer frente a algunas de las debilidades diagnosticadas: recursos humanos suficientes, una atomización de las actuaciones y la dimensión insuficiente de los grupos y centros de investigación existentes. Por ello sería adecuado realizar ahora una reflexión sobre la suficiencia de la estructura de gestión de la I+D, y un debate sensato para resolver las debilidades en el sistema público. Donde el problema no sólo son los fondos, sino eficiencia, emoción y habilidad en su aplicación. Por encaminar el futuro.