Cunda el ejemplo

OPINIÓN

18 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

BARREIROS en A Mariña lucense. La Xunta suspende las normas que permiten al Concello seguir con su política de ocupación territorial, contra las denuncias de los colectivos sensibles al desaguisado medioambiental que tiene por detrás todo un mundo de negocios. Cada vez que voy a correr a las hermosas playas entre Foz y Ribadeo, me sorprenden las grúas que mueven moles de cemento y cristal. Y me he preguntado: ¿pero quién va a vivir aquí? No hay tanta población autóctona como para ocupar todos estos pisos. Además, no he visto hacer infraestructura alguna. Hay que buscarla en las poblaciones de la carretera que transcurre desde Ribadeo hasta O Barqueiro. Hace poco, la empresa que suministra electricidad avisó que no podía atender tal crecimiento. Pero a los ediles les da igual. Cuando lleguen los propietarios, que protesten. Pero no seamos ilusos. Casi todos los concellos mariñanos están en situación pareja. Da igual el color político de la corporación. Ya lo dijo el responsable de los socialistas en el Concello de Cervo: «No nos metamos con los constructores, que mañana los vamos a necesitar». Es urgente que la autoridad competente compruebe, a pie de obra, el estado de la cuestión. Y ojo con los listos que se van a Madrid a buscar recursos para hacer un puerto deportivo y así venderlo como en Castilla venden los campos de golf, sin contar con el impacto al medio o la especulación de viviendas de lujo que supone tal inocente iniciativa. Lo primero es poner al día las normas urbanísticas. No se puede aprovechar el vacío para interpretar a favor de los constructores, capaces de convencer a todo el mundo a golpe de talón. Salvemos A Mariña, salvemos la costa de Galicia. Evitemos el asalto al territorio de quienes luego no van a vivir en él. Es necesaria otra generación de dirigentes para salir de la mediocridad, pero también es preciso un proceso de reflexión para saber si los niveles de autonomía que disfrutan los ayuntamientos son compatibles con los intereses generales, como la sostenibilidad. No podemos permitir el espectáculo de Marbella; pero no hace falta ir tan lejos. A más de uno le basta con la atalaya de nuestra costa para permitirle al ladrillero de turno la hazaña de levantar dos torres de apartamentos sin saber dónde verterá sus residuos, o hacer una pasarela entre playas sobre la mar, para dar valor a terrenos que pueden tener dueños en el propio gobierno municipal.