EL CONFLICTO de Oriente Próximo se podría representar con una ecuación matemática en la cual habría que despejar primeramente la incógnita israelí para dar solución al problema. Pero no es exactamente así, porque en este problema complejo influyen una serie de factores que lo convierten es un sistema con múltiples incógnitas. Una de ellas, muy importante, acaba de ser despejada con el resultado de las elecciones de EE.?UU.; otra es la resistencia de las organizaciones guerrilleras como Hezbolá y Hamás, y finalmente la actitud de los países vecinos como Líbano, Siria e Irán. Ante una situación tan compleja, para entender un poco lo que está pasando, no tenemos más método que resolver por partes. El factor norteamericano va a continuar con el apoyo incondicional a Israel, pero probablemente inicie un mayor acercamiento a las tesis palestinas para favorecer una solución a la chipriota, es decir, a la separación de las partes en conflicto, con una fuerza intermediadora de Naciones Unidas. Esta propuesta, hasta ahora rechazada por EE.?UU. e Israel, ha sido ofrecida por el vicepresidente de Israel, Avigdor Lieberman. El factor de las guerrillas de Hezbolá y Hamás es el más paradójico, porque se muestra incomprensible. Si hace unos meses eran las guerrillas libanesas las que lanzaban cohetes sobre Israel para provocar su reacción, ahora son los de Hamás. Es como si se alternasen en el hostigamiento a los judíos. Lo más curioso es que hace unos días, el líder de Hezbolá, Sheik Nasrallah, ha proclamado que mantiene conversaciones serias con Israel. Finalmente el Líbano -donde están nuestros soldados- vive intensas convulsiones políticas, que repercuten en el Gobierno de Fouad Siniora; éste cuenta con la coalición de suníes y cristianos, frente a Hezbolá y los chiíes que quieren reemplazar al Gobierno actual, con el apoyo de Siria e Irán. Así, Líbano aparece como el foco de otro volcán a punto de estallar.