¡Que se radicalicen ellos!

OPINIÓN

07 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EN EL carajal montado por el renacimiento del tripartito catalán, hay un partido que ha encontrado una nueva mina de asedio a Zapatero: el Partido Popular. Le están sirviendo en bandeja el mejor de los discursos que este partido puede hacer. Ahí tiene todos sus argumentos preferidos de ataque: un Estatuto de Cataluña que será desarrollado por los más radicales; un presidente del Gobierno al que se puede volver a presentar como rehén de los independentistas, y un mensaje españolista que calará a medida que la nueva mayoría catalana empiece a legislar ese concepto por ahora tan etéreo de «desarrollo nacional». No les puedo ocultar a ustedes que en la dirección del PP se observa cierta euforia: al menos teóricamente, los vientos corren a favor de su mensaje. Si se consigue demostrar que Rodríguez Zapatero no ha sido capaz de imponer sus criterios a su propio partido en Cataluña, se conseguirá dar otro golpe de gracia al presidente. Quizá sea una visión excesivamente optimista, pero este suceso ayuda a abrir las puertas de la Moncloa. Puede haber muchos ciudadanos que quieran un cambio de aires. Lo que tiene que hacer el PP en esta circunstancia es meditar mucho su estrategia. No puede decir, por ejemplo, como ha dicho Ángel Acebes, que los independentistas aumentan su poder con Zapatero, porque la llegada al poder del señor Carod-Rovira se produjo cuando José María Aznar presidía el Gobierno. Esas afirmaciones contundentes y sin memoria histórica restan credibilidad. Y tampoco debería acentuar su soledad con ataques a Artur Mas y a CiU. Al revés: debe tratar de acercarse a ellos a pesar de todos los agravios, porque no sabe si los puede necesitar en el futuro, justamente para evitar otro tripartito en Madrid, que es otra posibilidad que abren los últimos acontecimientos. Y, sobre todo, el PP debe evitar el radicalismo. Ése es el mejor servicio que le puede prestar a este momento nacional. ¡Que se radicalicen ellos!, debería ser la consigna de Rajoy. Cuanto más a la izquierda se ponga el tripartito, y más a la izquierda haga girar al PSOE, más espacio quedará en el centro político. Quien lo ocupe, ganará. Si los populares contestan con actitudes conservadoras radicales al previsible radicalismo de quienes gobiernan hoy, producirán dos efectos negativos: la polarización de la política con los nefastos resultados que siempre ha tenido, y el acercamiento del PP a esa frontera de la «derecha extrema» que con tanta maldad ha trazado Zapatero. Es, por tanto, un momento delicado. La vía para moverse es la marcada por el Estatuto de Andalucía: acuerdo en lo posible y moderación en lo imposible. Por ahí se gana el poder. Y, antes de nada, se gana a la opinión.