26 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

CABEN pocas dudas de los muchos deseos del presidente Zapatero de conseguir el final de ETA. Lo malo es que también caben pocas dudas de los muchos deseos de ETA de permanecer sin disolverse. Es una realidad que no ha cambiado con los votos del Parlamento Europeo ni con las declaraciones a favor o en contra a que nos tienen acostumbrados los políticos españoles. El robo de cientos de pistolas en Francia, del que se supone autora la banda terrorista, sólo muestra por dónde van los deseos batasunos y lo lejos que está ETA de querer desarmarse. Tan lejos que en realidad se está rearmando, no sé si para volver a matar o sólo para hacer más creíble su chantaje. La realidad es que -al margen de que alguien le esté tomando el pelo a alguien- no se puede negociar nada bajo la amenaza de las pistolas. El Estado no lo puede hacer. Y quizá el presidente Zapatero, a quien supongo en parte burlado y desencantado, debiera recuperar algo de la experiencia de Felipe González, quien también creyó en su día que iba a lograr la erradicación de ETA. No se trata de apuntarse al pesimismo, pero sí de interpretar tan correctamente como sea posible los mensajes etarras. Y el mensaje del robo de las pistolas es claro en el sentido de que todavía habrá ETA para rato, aunque quizá no vuelva a matar. Toda prudencia, pues, es poca. Porque la palabra de ellos no tiene la misma dimensión de compromiso que la que emana de representantes del Estado. ETA seguirá comportándose como lo que es, como una organización terrorista, y es un poco ingenuo creer que esto puede cambiar de la noche a la mañana. Por ello me ha sorprendido que tantos se hayan sorprendido (valga la redundancia) de que haya robado armas. Es lamentable, pero no es ilógico. Sólo nos está recordando con quién nos jugamos los cuartos. Y los deseos. Y el futuro.