VAMOS a repasar un poco las matemáticas que no volvimos a tocar desde que hacíamos el bachillerato. Y lo vamos a hacer planteándonos una regla de tres simple. A ver: si al etarra De Juana Chaos le piden 96 años por escribir dos artículos en Gara en los que alguien interpretó que podía señalar como objetivos a varios jueces, ¿cuánto hay que pedir para los que llaman directamente y a la cara «asesino» a Zapatero? ¿Y a los que le dicen ser «el embajador de ETA»? Si al pedrolari descerebrado le piden 96 años por no citar a nadie, ¿cuánto corresponde pedir al que calificó al juez Garzón, y por escrito, de «torturador nazi»? ¿Y cuánto a los que, a sabiendas del daño que hacían, convirtieron el ácido bórico en un explosivo demoledor? ¿Y a los que calificaron de «despojo» e «inútil» al juez Del Olmo? No va a ser un servidor el que pierda un solo segundo en decir lo que desea para la carroña de De Juana Chaos. Pero sí merece la pena perder algún tiempo en reflexionar sobre la insensatez y la paranoia que empieza a afectar a una parte de nuestros vecinos. A esa parte que se escandaliza al saber que el fiscal rebajará la solicitud de pena para el terrorista por escribir un par de artículos y que no repara en cambio en echar mano del diccionario de insultos para difamar y ofender a todos aquellos que se atreven a tomar una decisión que no es de su agrado. Hemos llegado a una situación tan disparatada como preocupante. Porque hoy, cualquier zoquete palurdo y desequilibrado, de esos que no saben hacer la o con un canuto, con mentiras y manipulaciones, esparce basura sobre el prestigio y la solidez profesional de quien no piensa como él. O, sencillamente, lo acusa de nazi, asesino o cómplice de los asesinos. Y una vez que lo ha hecho se lleva las manos a la cabeza porque el fiscal va a rebajar la petición de condena al animal de De Juana Chaos.