EL DOMINGO, todos los viciosos de Internet nos carcajeábamos de risa ante el vídeo en el que se veía cómo unos jóvenes robaban supuestamente una butaca del Congreso de los Diputados. Y no cualquier butaca, sino la del propio presidente del Gobierno. Si no han visto el vídeo de marras, resumo: tres jóvenes encapuchados representantes de un desconocido grupo se acercan al Congreso en plena noche, fuerzan una ventana, atraviesan una serie de pasillos y salen al hemiciclo, donde agarran la silla de ZP, dejando en su lugar una nota que dice: «Zapatero, el 16 de octubre levántate contra la pobreza». Después vuelven a saltar por la ventana, silla en mano, y huyen en un coche celebrando su acción. Todos nos reímos mucho al verlo, como les dije, sólo para preocuparnos instantes después. ¿Es esa la seguridad de la Cámara baja? Ese día estaba en Madrid, y un rápido paseo hasta el Congreso me permitió comprobar que las ventanas de la pared este, las que supuestamente fuerzan los jóvenes, no son ni remotamente parecidas a las del vídeo. Tranquilidad, por tanto: es un montaje. Ayer mismo supimos que un funcionario, ya convenientemente expedientado de cara a la galería, les había permitido el acceso y les había dejado grabar el vídeo. Y que una agencia de publicidad (los mismos que nos metieron el Amo a Laura hasta las orejas) eran los ideólogos del asunto, encargados por una ONG. La organización sólo intenta movilizar a los ciudadanos para que soliciten el único recurso que puede erradicar para siempre la pobreza: la voluntad política. Ahora sí que nos podemos tomar a broma el suceso, y celebrar todos juntos la excelente salud de nuestra democracia, al menos en este aspecto. El robo metafórico de tan simbólico mueble para obligar a su inquilino a levantar el culo contra la pobreza (y cumplir de paso sus promesas electorales a ese respecto) es atrevido, original e inteligente. Y el hecho de que, respetando las normas, ya que no se produjo delito alguno en la acción, podamos reír y bromear sobre nuestras instituciones es algo fantástico. Pregunten a sus mayores si en otros tiempos se hubiera podido hacer algo así.