DESGRACIAS de la Unión Europea. Quisquillosos como son, analizan nuestras aguas porque no se fían de nosotros. Además de criterios ecológicos, económicos, de sostenibilidad y de salud pública, la razón es que contribuyen abundantemente en los pagos de las infraestructuras para que evitemos la contaminación. Acostumbrados como estamos a ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, hemos conseguido pasar años y años de puntillas sobre el principal problema de contaminación de nuestros ríos y mares: el de los vertidos urbanos. Así, a pesar de diagnósticos tempranos que en los años ochenta alertaban de que las rías estarían soportando ya unos setenta y seis mil metros cúbicos diarios de tales vertidos, las acciones paliativas fueron lentas e incompletas. Recuerden si no las denuncias en el año 1996 de la insuficiente capacidad de la depuradora de Vigo en los inicios de su construcción, el acostumbrado «niego la mayor» del Gobierno popular de turno, y una multa de veinte millones prometida por la UE si no se pone remedio a tan permanente dislate. Diez años después, los coliformes en rías y ríos se mantienen como problema político de primer orden. En unos casos porque los responsables municipales se niegan a asumir los costes políticos de una infraestructura maldita en el imaginario popular por la desidia de decisiones anteriores, y en otros por tanta demora e incuria en asumir los problemas de saneamiento como elemento sustantivo en el mantenimiento de los ecosistemas acuáticos. La marcha inexorable de las directivas y plazos comunitarios en relación a la salud pública y la salubridad de los ecosistemas nos sitúa hoy ante un problema de compleja solución: ante la imposibilidad de negar la evidencia en Vigo, Ferrol o Pontevedra, aparecen problemas económicos y sociales en la explotación de nuestros recursos marinos o en el planeamiento y ordenación del territorio. Problemas agravados por la falta de un discurso coherente y de una secuencia de acciones políticas integradas para deshacer el nudo gordiano entre saneamiento y economía. Lo que propicia estrategias de protesta por ver si se logra una vez más que, al menos en el papel, desaparezcan los coliformes. ¿Será tal o sólo lo parece?