BENEDICTO XVI tenía un semblante feliz a su llegada a Múnich para una visita de seis días a Baviera.
23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Regreso a mi tierra, con mi gente, con la intención de visitar algunos lugares que han tenido una importancia vital en mi vida», dijo en su primer discurso. Estos lugares son Traunstein, su pueblo natal; Freising, donde estudió y fue ordenado sacerdote; Ratisbona, en cuya Universidad dio clases de Teología dogmática entre 1969 y 1977; y Múnich, ciudad en la que fue arzobispo y dejó en 1982 para trasladarse a Roma. No había dudas sobre la felicidad que debía sentir por su vuelta a casa («mi corazón sigue siendo bávaro», confesó a una televisión de Baviera), y por el recibimiento entusiasta de sus paisanos.
Un público académico se dio cita el día 12 en la Universidad de Ratisbona para escuchar la lección de Benedicto XVI sobre Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones , en la que habló del cristianismo como fruto de la convergencia de la fe bíblica y la filosofía griega, así como de la esencia cristiana de Europa.
En su disertación, Ratzinger se refirió al islam y a la yihad (guerra santa) con una cita que reproduce «el diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno de 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad entre ambos». «El emperador, de manera sorprendentemente brusca -añadió-, se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: "Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba". El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma».
Airada reacción
Las palabras del Papa desataron la ira en la comunidad musulmana y las protestas de dirigentes religiosos y políticos de Marruecos, Egipto, Irak, Turquía, Indonesia y Pakistán. Ante esta situación, el cardenal Bertone estrenó su cargo como secretario de Estado el día 16 con una nota en la que aseguraba que el Papa «está vivamente disgustado por que algunos fragmentos de su discurso hayan podido sonar como ofensivos a la sensibilidad de los creyentes musulmanes, y hayan sido interpretados de modo que en absoluto corresponde a sus intenciones».
La explicación no puso freno a las protestas en el mundo musulmán, que exigía una mayor satisfacción. En este contexto, había expectación por la primera aparición pública del Papa, el pasado domingo. «Estoy vivamente afligido por las reacciones suscitadas por un breve pasaje de mi discurso en Ratisbona considerado ofensivo para la sensibilidad de los creyentes musulmanes», dijo, para añadir acerca de esas palabras: «No expresan en ningún modo mi pensamiento personal».
Como tampoco se calmaron los ánimos, el Papa volvió al tema en la audiencia del miércoles en la plaza de San Pedro: «He sido malinterpretado. Quería explicar que la religión no es violencia, sino que religión y razón van juntas». Reiteró su invitación a las religiones a mantener un diálogo franco y sincero, «en concreto a los musulmanes, con los que adoramos un único Dios».
xpresó también su deseo de que sus palabras