Ciencia especial

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

12 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE casi un siglo, el hispanista inglés Aubrey F. G. Bell escribió un libro sobre nosotros en el que decía: «Para viajar en Galicia se necesita de una ciencia especial, ya que hay pocos ferrocarriles, y hasta hace pocos años las diligencias de caballos eran el principal medio de transporte». La gran novedad eran entonces unos grandes y lentos ómnibus que llamaban mucho la atención en los pueblos por donde pasaban. Con razón, Bell se lamentaba de nuestras malas comunicaciones, y muy especialmente de las flaquezas ferroviarias. Como se ve, los tiempos han cambiado, pero los motivos de nuestras quejas y protestas, no. La Renfe y Fomento se encargan de que sea así. Eran aquellos unos tiempos en los que nos gustaba que a Galicia le llamasen la Suiza de España, como ahora, noventa años después, nos gusta soñarnos la Irlanda de Europa (esa Irlanda próspera y modélica que no ha dejado de crecer y multiplicarse en estos años). Luego está la realidad de que somos lo que somos, y deberíamos aprender a ponerlo en valor, porque tampoco somos algo desdeñable, a pesar de nuestros atrasos. Basta con mirarnos en el espejo. O en el retrato que el propio Bell hizo de nosotros: «La raza está llena de vigor, aunque parezca muy débil y servil». Porque también a él se le figuró que lo mejor de Galicia eran sus habitantes: trabajadores, tenaces, hospitalarios, astutos, bien humorados, hábilmente elusivos, pero siempre abiertos al diálogo. Por ello aconsejaba no fiarse de las apariencias: «Pueden parecer demasiado humillados, humildes y oprimidos y, sin embargo, tener éxito». Porque todo puede cambiar. El viajero Richard Ford decía en el siglo XIX que los gallegos teníamos las carreteras con peor fama del mundo. Pues bien, ya no las tenemos. Lo mismo podremos decir de los trenes si los políticos no nos fallan. Ésta es la ciencia especial que necesitamos.