No fue una guerra

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

09 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LO QUE sucedió en el Líbano este verano no fue una guerra. Una guerra hubiera sido si el enfrentamiento se produjese entre Israel y el Líbano, dos Estados. En ese caso, las operaciones bélicas presentarían a dos ejércitos combatiendo con una línea de frente más o menos visible y unos objetivos físicos a alcanzar. Pero la entrada del ejército israelí en el Líbano respondía a tres objetivos intangibles: primero, una operación de represalia por la entrada de los guerrilleros de Hezbolá en territorios israelíes para demostrar a los agresores su capacidad de respuesta; segundo, para destruir las bases de misiles Zezal-2, de alcance de 300 kilómetros, que podrían llegar a Tel Aviv transportando seis toneladas de alto explosivo; y tercero, neutralizar las rutas de aprovisionamiento de armamento para Hezbolá. Es evidente que Israel consiguió estos objetivos, pero también es cierto que perdió la batalla mediática donde la opinión pública mundial ha recibido las imágenes de los destrozos causados por los bombardeos israelíes, pero no de los efectos de los cientos de misiles Katiusha lanzados por Hezbolá, con los destrozos ocasionados en la ciudad israelí de Haifa. Finalizadas las operaciones y alcanzados los objetivos militares, se ha producido un curioso fenómeno mediático: aparece Israel como el perdedor malo mientras que Hezbolá sale como el ganador bueno que regresa victorioso, con las arcas llenas de dinero para compensar a las víctimas. Pero la realidad es que Hezbolá está bloqueado por tierra, mar y aire para que no vuelva a rearmarse. Buques alemanes han sustituido a los de Israel para la vigilancia de la costa libanesa, mientras que en la frontera terrestre se están desplegando contingentes militares de Francia, Italia y España, además de los turcos, que acaban de aprobar el envío de un contingente. Ahora queda que se cumpla la resolución 1701 para desarmar a Hezbolá. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Así, estamos todavía en una crisis internacional abierta que sólo se puede cerrar con un acuerdo político liderado por la ONU.