Silvio

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

02 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ES difícil separar al Silvio Rodríguez artista del militante en Cuba, fiel a Fidel. Tan complicado como separar a Castro de su barba. Pero me quedo con sus canciones de amor, que son clásicos. Silvio cumplirá en noviembre sesenta años. El tiempo vuela como un unicornio azul. Parece que fue ayer. Su voz de jilguero temblón estará de gira por España. Una de las cosas más bonitas, más hermosas, que me pasó fue ver en directo en La Habana, en el teatro Carlos Marx a Silvio junto a Pablo Milanés. Silvio es un Pablo Neruda de cantar por casa, alguien al que también le gustaría hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. Borda las palabras como si el lenguaje fuese una caricia. Su aspecto es de funcionario de la seguridad cubana. Pero, sobre el escenario, se convierte en el pájaro cantor de los poemas de Valente. Te da una canción y lo contratas para siempre. El primer disco se lo dedicó a su hija Violeta. Fue marinero en el pesquero Playa Girón. Recorrió el Atlántico y las costas de África y escribió mil canciones. Fue brigadista en la guerra de Angola. Con Unicornio su fama se extendió como una mancha de aceite. La Nova Trova Cubana sacó humo de las palmas en Europa. Llenó los teatros y vació los corazones. Son muchos los enamorados que tienen una canción de Silvio como himno. Escucharlo es agarrarse a un rabo de nube, «que se lleve lo feo, un barredor de tristezas, un aguacero en venganza». En el 2003 tuvo su Cita con ángeles. Ahora trabaja en Érase que se era. Decir que Silvio es poeta, es como decir que Claudia Schiffer es guapa o Romay, alto. Son cosas que pasan, como el primer amor. Silvio es una luz cegadora, un disparo de nieve, como canta. Lo escuchas y te pones moreno de caribe y de abecedario. Herido quedas por el disparate de amar. El otro día, donó su voz en Pontevedra. cesar.casal@lavoz.es