Negra o blanca, la leche

OPINIÓN

06 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ATENTOS a otras escaramuzas, es difícil que el sector lácteo, o su contraparte, la ganadería, alcancen atención informativa sostenida más allá de las recurrentes tractoradas en torno a los repartos de cuota de producción láctea, o protestas sobre la supertasa. Pero los análisis publicados por este periódico los últimos días nos enseñan no sólo el conflicto entre la Administración estatal y el Gobierno y ganaderos gallegos en torno al nuevo plan lácteo, sino los entresijos en torno a la industria láctea que tienen en la leche -negra o blanca- su soporte. Todo ello constituye uno de los ejes del deterioro que la ganadería, y por tanto la economía agraria gallega, padece. De forma paulatina, pero quizá irreversible. En los últimos veinte años las tentativas industriales gallegas en el sector lácteo han terminado en manos de grupos empresariales ajenos, que apenas han dejado en Galicia plantas de envasado de leche pero ninguna industria importante de transformación de productos lácteos, con su aporte de valor añadido y actividad industrial generadora de empleo e innovación. La situación sorprende además por ser los primeros productores de leche, cerca del 35% del total, muy por delante de otras comunidades como Asturias o Castilla y León, y por tanto claves en el aporte de materia prima. Carezco todavía de datos suficientes para establecer el origen del fracaso de los sucesivos intentos para crear un grupo lácteo propio, más allá de la falta de apoyos o del abandono de tales tentativas por parte del Gobierno gallego de turno. Pero sorprende que cuando aparecen movimientos empresariales para ello se movilicen en su contra grupos asentados o se denuncien prácticas empresariales sostenidas en la leche negra , aquella producida y vendida fuera de la cuota láctea, con las que se pretende cuestionar la expansión de dichas empresas. Porque aun pareciendo insuficientes tales razones para explicar la dejadez de los Gobiernos ante tanto proyecto, uno no puede dejar de pensar en la concentración del poder político industrial en aquella Consellería de Economía de los Gobiernos populares, y volver a preguntarse el porqué de la política industrial desarrollada. También en el sector alimentario o agroindustrial.