La paz, muy lejana

| JAVIER CARRO |

OPINIÓN

31 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA GUERRA entre Israel y «no se sabe quién» hace replantearse a Europa su papel como factótum de procesos de paz: Javier Solana es un representante con buenas intenciones pero sin autoridad; Francia no tiene peso en donde fuera patriarca de la Suiza de Oriente Medio, Líbano; España y Moratinos, que podrían ser árbitros por nuestras conexiones culturales e históricas con el mundo árabe y judío, no cuentan, y la cooperación sanitaria o internacional se queda en mero reportaje de telediario; y el resto de la UE, rota y sin rumbo, se lamenta por las víctimas civiles. La rivalidad entre Irán e Irak -ambos musulmanes, el primero chií y el segundo con un Gobierno suní (Sadam Huseín)- les enfrentó en los 80 por el control del Golfo Pérsico. La CIA, con su Irán-contra, intentó derrocar a los ayatolás para que EE.?UU. siguiera controlando la zona. Veinte años después, el frágil equilibrio de poderes se ha desestabilizado con la invasión de Irak, en donde EE.?UU. sostiene con alfileres al gobierno chií. Los secuestros de soldados israelíes por Hamás y Hezbolá han sido el detonante de los bombardeos sobre Líbano. El Gobierno de Olmert, en un intento de parar la respuesta de continuos ataques de cohetes katiushas a sus colonos de Haifa, se ha puesto en manos de los militares para barrer del Líbano a Hezbolá, cuyo líder, Hasán Nasralá, se perfila como el nuevo héroe de refugiados palestinos y fundamentalistas musulmanes de medio mundo, como hasta ahora lo era Bin Laden. Desde Beirut, el Gobierno de Fuad Siniora está impotente para manejar una situación que no controla, dada la notable influencia siria en el país y el apoyo de Irán a Hezbolá. Los 57 muertos de Caná, 37 niños, provocó la suspensión de la visita al Líbano de Condoleezza, quien tiene un difícil papel por delante, tras el alto el fuego incondicional exigido por el primer ministro libanés, ya que hasta ahora, EE.?UU. ha vetado en todas las ocasiones la petición del cese de hostilidades. Las últimas declaraciones del número dos de Al Qaida, el médico Ayman Al Zawahiri, llamando a los «cruzados de la Yihad desde Al Ándalus hasta Irak», deberían invitar a una nueva reflexión y a una enorme preocupación, porque la paz parece cada vez más lejana.