Política sin Dios


SIN QUE SIRVA de precedente, estoy de acuerdo con Anxo Quintana y las gentes del BNG. Los nacionalistas no acudieron a la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago porque consideran que se trata de un acto caduco y fuera de contexto. Se equivocan quienes afirman que esta postura implica deslealtad institucional o desprecio de los cristianos. La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno, dijo el Vaticano II. Incoherente es el señor Touriño, pues no se defiende una concepción laica del Estado con un acto de pleitesía como éste. E incoherente es también Julián Barrio cuando acepta que se celebre en la Casa del Señor Santiago una pantomima de tal calibre. «A los tibios los vomitaré de mi boca», podemos leer en el Apocalipsis¿ Como dijo Jesús de Nazaret, «a Dios lo que es de Dios y al césar lo que es del césar». A la mesa eucarística deberían sentarse sólo aquellos que creen que Jesús es el Señor de la historia.La historia del cristianismo está llena de hechos magníficos, y también de ocasiones malogradas. En la génesis del ateísmo contemporáneo tienen parte no pequeña aquellos creyentes que con sus acciones velan más bien que revelan el genuino rostro de Dios y de la religión. Empecinarse en defender ropajes culturales pasados de moda como algo esencial al seguimiento del Nazareno es la mayor traición que le podemos hacer a Él y a nuestros contemporáneos. Sólo el testimonio vivido, la pureza de costumbres de los creyentes y el diálogo pueden invitar al acto de fe, que deberá ser siempre libre para ser un acto verdaderamente humano. La Iglesia no siempre ha actuado de acuerdo con esas convicciones. No basta con pedir perdón sino que hay que hacer los cambios necesarios en nuestros modos de hacer pastoral para no seguir incurriendo en el mismo y fatal error. Trono y altar, hoy, no son una buena combinación. Como cristiano considero que un mundo totalmente inmanente es un mundo sin puertas ni ventanas, un mundo claustrofóbico y asfixiante. Nadie en su sano juicio corta las raíces de las que ha recibido la vida, porque los árboles a los que se les cortan las raíces -e incluso a los que se les podan las ramas fuera de época- terminan muriendo. Pero reformular la presencia pública de la Iglesia y sus relaciones con el Estado no es sinónimo de ataque a las raíces cristianas de España sino justamente lo contrario.

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