HAY problemas estructurales que no se resuelven en años infinitos. No duden que la dinamita, como tecnología pesquera, es de los que permanecen e incluso se expanden. Vean si no las noticias abundantes que sobre ello cuenta este periódico. Este Codex Floriae señalaba hace apenas dos años: «Sobrecoge que una cultura pesquera que destroza los recursos, la de la dinamita, mantenga en la pesquería de cerco su uso. Arriesgando vidas y haciendas, arriesgando futuro. Dinamiteros altivos. De pelo en pecho, poco sentido y escaso beneficio». Aflora de nuevo el problema, indicador de que no se ha solucionado. A pesar de la fuertes sanciones, tal que la inhabilitación para pescar. A pesar de lo que supuso en el tráfico ilegal de dinamita aquel 11 de marzo. A pesar de las voces que alertan como se arriesgan, por tecnología destrozona del hoy, las insuficientes 14.000 toneladas de sardina pescadas. Insuficientes para el mercado, la conserva y el futuro. Sardinas de dinamita. Molidas, sanguinolentas. Sardinas de malos profesionales, de empresarios ruines. De reunión en reunión y de acuerdo en acuerdo, asombra saber la escasez de aprehensiones -cien cartuchos, noventa detonadores- en cinco años, pareja a aquélla de los incendiarios de montes. Fruto del silencio de los vecinos, de los compañeros. Estos días hay cambios sustantivos: la denuncia genérica, de media sonrisa, el comentario socarrón en torno a las verbenas en el mar, dio paso a un acto de denuncia con folio, nombre y puerto de algunos de los tecnólogos dinamiteros. Son los propios quienes reivindican la erradicación. Por eso, cuando algunos patrones mayores y cofradías se deciden a dar el paso de identificar a los dinamiteros de nuestro mar, no parece lo más adecuado por parte de las autoridades gubernativas en Madrid decir que esa es una práctica erradicada hace 50 o 60 años. Y no sólo por cuanto significa de grave y preocupante desconocimiento de los usos tecnológicos al caso, sino porque si ciertas autoridades formulan ese planteamiento, el próximo, vecino y compañero, sabe que se verá desprotegido. Lamentablemente, no llega con perros adiestrados. A los tecnólogos de la dinamita sólo los erradicarán los compañeros, con la policía y la ley.