EL MUNDO científico no es particularmente discriminatorio con relación al género, pero la discriminación es más llamativa. A igualdad de requisitos (estudios universitarios, doctorado, etcétera) es más difícil comprender la segregación que se produce a medida que, atendiendo al mérito y capacidad, se puede optar a puestos de mayor responsabilidad, tanto en la carrera universitaria o investigadora como en la dirección del sistema de ciencia y tecnología. La conselleira de Educación enfatizó recientemente la situación de discriminación de la mujer en el mundo científico gallego. Discriminación que se produce a partir de la obtención de la tesis doctoral, hasta donde actualmente se llega en situación de paridad. Luego, los hombres. Cabe escudarse para explicar la situación en declaraciones como aquellas emitidas por el presidente de la Universidad de Harvard, quien afirmó que la falta de la diversidad de género en ciencia e ingeniería se debía a diferencias innatas entre hombres y mujeres. Esta línea argumental está instalada en nuestra sociedad como, con más frecuencia de lo razonable, podemos comprobar. Existen datos, sin embargo, que dejan tales asertos en evidencia: en los años sesenta la proporción de mujeres universitarias era apenas el 30% del total, y a principios de este siglo alcanzaba ya un 54%. Un dato más revelador es el incremento, en apenas treinta años, desde un 14 a un 34% de las profesoras universitarias. Pareciera que fueron las transformaciones sociales y políticas de estos 30 años las que propiciaron los cambios en el papel de las mujeres en la sociedad y en el sistema del conocimiento y no unas características innatas, como aducen los representantes patriarcales con la boca grande y la sociedad en su conjunto -también mujeres- en la intimidad. Las mujeres ocupan una tercera parte de los puestos permanentes en las universidades y en los organismos públicos como el CSIC, pero apenas un 14% se encuentran en los escalones superiores. Pero más llamativa es la proporción de mujeres que dirigen proyectos de investigación, que, si en España alcanza un promedio del 23%, en Galicia apenas llega al 15%. ¿Por qué? Bertolt Brecht reflexionó: «El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo?».