No hay peaje gratis

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

04 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LA LECCIÓN primera para cualquier estudiante de economía es la constatación de que no hay nada gratis, que todo cuesta. Es más, lo que tiene un registro contable encierra una sombra alternativa, lo conocido como coste de oportunidad. Los mayores lo saben de sobra, es una de las primeras enseñanzas de la experiencia de la vida. Los que parecen desconocerla son los representantes del galleguismo mágico. El caso de las autopistas, y en general de las infraestructuras, es significativo. Pregonan que merecemos los equipamientos más avanzados para estar en la vanguardia de la modernidad; y que de seguir sus programas entraremos en el reino de la gloria terrenal. Lo que nunca dicen es cuánto nos cuesta, quién lo debe pagar y en qué proporciones. Tienden a vender el muñeco de que han de ser otros, los de fuera, los de Madrid, Europa o los ricos de cualquier ubicación, quienes abonen la factura. Así es la retórica convencional; un discurso mítico entre la excitación de la envidia social y el cuento de Guillermo Tell. Con tal unilateralidad, la gente nunca sabe en concreto lo que le cuesta individualmente el sector público en general ni tampoco cada obra o servicio en particular. Conocen el coste de la hipoteca personal y no su saldo con el Estado central, la Xunta, la diputación o el ayuntamiento. No digamos ya la sanidad, la Seguridad Social, la escuela pública o la Universidad. Con tal opacidad generalizada, la cuestión de los peajes de Vigo y A Coruña, y de lo que pueda venir, es mero electoralismo en la niebla fiscal. A las áreas pobladas, los gobernantes las ven como golosas bolsas electorales. Se afanan en evitar que los viajeros no vean el coste contable de las cosas, el dichoso peaje, y que piensen que sus políticos son unos magos de las finanzas que lo hacen desaparecer. El truco: lo han pasado al presupuesto de la autonomía, que, al igual que una hipoteca de larguísima duración -40 años-, reembolsará a la concesionaria los fondos dejados de percibir en ventanilla. El automovilista pagará los viajes, pero vía impuestos, y como el sistema fiscal es tan nebuloso, los despistados pensarán que lo harán otros. También pagará el que usa poco el coche, y los de los pueblos sin autopistas, y los que no viven en las grandes urbes. Bueno, ya se les compensará con otras promesas, quizás tan sólo verbales, con palabras de reivindicación esperanzada de que alguien en Bruselas resolverá el tema de la leche, el ollomol o la autovía. La gente sabe que no hay peaje gratis, y que lo que por un lado te regalan, por el otro te lo quitan, incrementado.