Franco se queda sin rivales políticos

La Voz

OPINIÓN

Para Franco, el accidente de Alcocero supuso «una gran pérdida, pero no sólo para la guerra. Aquí podremos reemplazarle. En la paz, en cambio, temo no sea ello posible». Pero el embajador alemán dijo que «el Generalísimo, sin duda, se siente aliviado por la muerte de Mola».

02 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Las reacciones del Caudillo y de Von Faupel a la muerte de Mola en el pueblo Burgalés de Alcocero el 3 de junio de 1937 son un buen reflejo de la controversia que produjo el siniestro. Mientras unos afirman que no fue más que un accidente desgraciado a causa de un fallo mecánico en el Air Speed Envoy en el que viajaba, la leyenda llega a hablar incluso de sabotaje. Emilio Mola Vidal nació en Cuba en 1887. Como muchos de los militares de su generación ingresó joven en la academia ?a los 17 años? y sirvió en Marruecos desde 1906. Los méritos que hizo en Dar Akoba en 1924 lo llevaron al generalato y a la jefatura de la circunscripción de Larache. Su enemistad con los republicanos se forjó a partir de 1930, cuando, a petición de Berenguer, se hizo cargo de la Dirección General de Seguridad. La llegada de la República lo separó del puesto y del Ejército hasta la amnistía de 1934, cuando Gil Robles, ministro de Defensa, le dio el mando de las tropas de África. La victoria del Frente Popular dos años después relegó a los desafectos a funciones sin importancia, pero en el caso de Mola su nuevo destino de Navarra le permitió erigirse, llegado el momento, en máximo responsable del levantamiento en la Península. Tan fue así, que se le conoció como el Director del alzamiento. Tras participar en la formación de la Junta de Defensa Nacional de Burgos, Mola se hizo cargo del Ejército del Norte. Conquistó San Sebastián e intervino en las batallas por Madrid, aunque sin resultado, por lo que volvió a centrar sus esfuerzos en el norte, en este caso en Bilbao. Fue mientras se luchaba en el cinturón de hierro ?el sistema de construcciones defensivas de la capital vasca? cuando tuvo lugar el fatal accidente aéreo. Los republicanos habían empeñado valiosos esfuerzos en aliviar la situación de sus camaradas de Euskadi con una acción en las inmediaciones de Segovia. El siniestro ocurrió precisamente en un viaje de Mola a ese frente para supervisar sobre el terreno las operaciones. A falta de una investigación que aclarase suficientemente lo que pasó, parece que las causas del accidente fueron las malas condiciones meteorológicas y un fallo mecánico. Según los testimonios de los vecinos de la zona, el piloto se vio sorprendido por la niebla ?que no mencionaban los partes meteorológicos de aquella mañana? e intentó eludir los picos de la sierra de la Brújula, de unos 900 metros. Después hizo un par de pasadas sobre Alcocero en busca de un lugar llano en el que poder efectuar un aterrizaje de emergencia. En ese momento el avión ya planeaba con los motores apagados. A las diez y media se estrelló. Si la ofensiva en la sierra madrileña fracasó en su intento de ayudar a los vascos y no consiguió avance alguno, al menos tuvo como efecto imprevisto la desaparición de uno de los enemigos mortales de la República. El odio que la España roja sentía hacia Mola lo recogió Neruda para componer Mola en los infiernos (similar al poema que le dedicó al otro triunviro del bando nacional fallecido en accidente de avión: Sanjurjo en los infiernos), publicado en plena Guerra Civil en el tercer volumen de Residencia en la Tierra. Sea como fuere, la muerte de Mola evitó a Franco, como mínimo, posibles disputas internas. Según Serrano Súñer, Mola, que en aquella época aspiraba a encabezar el Gobierno, tenía previsto plantear una nueva distribución del enorme poder que el ferrolano había ido acaparando poco a poco.