Horas después de que el alemán Mathias Rust descendiese de un Cessna en plena plaza Roja y se pusiese a firmar autógrafos entre atónitos moscovitas, el ministro de Defensa y varios oficiales de la URSS eran destituidos, en uno de los episodios más curiosos de la guerra fría
28 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Creí que el avión era una llave para la paz, que podría utilizarlo para construir un puente imaginario entre el este y el oeste». Cuando aparcó el Cessna en la plaza Roja de Moscú, a Mathias Rust le entró miedo, pensó que iban a matarlo después de su proeza. El adolescente alemán, de 19 años, había burlado al que se tenía como uno de los sistemas de defensa aérea más avanzados del mundo. El 28 de mayo de 1987, cerca del final de la guerra fría, la irrupción de Rust pilotando un monomotor alquilado a pocos metros del Kremlin, uno de los emblemas del comunismo, impresionó a todo el mundo y provocó la airada reacción soviética. El piloto fue inmediatamente detenido, aunque nadie le tiroteó como temía: «Elegí una zona pública porque me asustaban las posibles represalias de la KGB», explicó meses después. De inmediato, el Gobierno destituyó al ministro de Defensa y a varios oficiales y el joven aviador fue condenado a pasar cuatro años en un campo de trabajo. Cumplió sólo un año y tres meses antes de volver a casa. Pasó ese tiempo en un centro para interrogatorios de alta seguridad. Compartió su celda, de diez metros cuadrados, con un profesor ucraniano que hablaba inglés y recibió varias visitas de sus padres durante su internamiento. Regresó a Hamburgo, cerca de su pueblo natal, convertido en héroe nacional y ejemplo para sus compatriotas (su popularidad llegó a superar la del tenista Boris Becker, según un sondeo realizado tras su aventura). Sin embargo, el arriesgado viaje dejó muchas dudas en torno a su motivo e incluso acerca de la salud mental de su protagonista. El propio Rust reconoció haber cometido «una temeridad» y lo cierto es que únicamente la suerte posibilitó su éxito. El 28 de mayo se celebraba en el país de destino de su vuelo la fiesta de los vigilantes de frontera. El chaval desconocía ese detalle, pero aquel mismo día fueron detenidos dos mil agentes completamente borrachos. Nadie aplicó la orden de derribar cualquier aparato que volase cerca del Kremlin sin autorización, pero se llegó a especular con que dos cazas siguieron de cerca la avioneta alquilada, que había salido horas de un aeropuerto cercano a Helsinki. Pero los aparatos de defensa confundieron las órdenes y abandonaron la vigilancia. El aterrizaje desencadenó una crisis diplomática y acusaciones de la URSS hacia Alemania Federal, por lo que Moscú consideró «una provocación». Rust siempre defendió que nadie le había sugerido el viaje y que su única motivación era «lograr la paz entre estados», siguiendo, tal vez, un lema popular entre los pilotos de la RFA que dice «aterrizaremos en la plaza Roja el día de la Ascensión». Sí, el 28 de mayo. Antes de su temerario vuelo, el joven pasó sus años en un pequeño pueblo, donde sus vecinos lo definían como introvertido y con poco éxito entre las chicas. Una situación que quiso cambiar apoyado en su fama, aunque de manera equivocada: en 1991 fue condenado a dos años de cárcel por acuchillar y herir gravemente a una enfermera que le había dado calabazas. Pasó cinco meses en prisión y al salir recorrió varios países (Rusia entre ellos) y se casó con una mujer que conoció en Trinidad. Actualmente, Rust trabaja para una financiera de Luxemburgo. El Cessna 172 que utilizó descansa en el hangar de un millonario japonés.