MÁS ALLÁ del evidente anacronismo administrativo que supone solicitar en Oviedo el permiso para regar un prado en Chantada, que Galicia siga a estas alturas sin gestionar el Pai Miño, dice claro lo que hemos sido como país. Antes de que la Confederación Hidrográfica del Norte fenezca disgregada en la del Bidasoa, la del Miño y la de Asturias, podemos atisbar el balance de una historia que se remonta a 1961, antecedentes en los Servicios Hidráulicos del Norte de España (1947) y la División de Trabajos Hidráulicos del Miño (1903). Si el objetivo era garantizar el acceso de los ciudadanos a agua de calidad, en la cabecera lucense ha fracasado y deja pendiente un saneamiento integral. Sobre la salvaguarda del interés general, basta observar el despegue económico de Portomarín tras su expropiación y traslado, o el de las riberas río abajo, con los saltos del caudillo. Aquellos sí eran pelotazos, a la voz de firmes. Y ya ven que tal cultura pervive sobre nuestros montes y costas. A ver si ahora, por una vez, somos capaces de respetarnos a nosotros mismos.