La cuenta atrás comienza en África

EDUARDO CHAMORRO

OPINIÓN

Un año después de su derrota en África y ante el avance aliado en Europa, Rommel escribió a Hitler: «Esta lucha desigual se acerca a su fin. Espero que saque usted las oportunas consecuencias». Y a Speidel, su jefe de Estado Mayor, le dijo: «Si no las saca, tendremos que actuar».

12 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Los días del Eje Roma-Berlín-Tokio comenzaron a estar auténticamente contados a partir de la capitulación de sus fuerzas en Túnez, derrotadas por americanos y británicos. Tres meses antes, ese mismo año, el 3 de febrero, las tropas alemanas se habían rendido en Stalingrado, y todo lo que ahora le quedaba al Eje por hacer era recogerse de cuantos frentes había abierto sin lograr la consolidación en ninguno, y prepararse para la defensa ante los desembarcos e invasiones que estaban a punto de echársele encima. Así lo supo ver el mariscal de campo Erwin Rommel, porque había estado en los momentos más altos de la victoria alemana y porque acababa de conocer la derrota con la entrega del norte de África. A partir de ese momento, se encontró en disposición de defender las últimas posiciones del nazismo en Europa, y de acabar con su Führer. No estaba demasiado dotado para el disimulo, infundió demasiadas sospechas, y Hitler le ofreció la opción del veneno, que aceptó. Su actitud no había sido siempre esa. No vio con malos ojos el inicio del nazismo y su ascensión al poder, y los primeros años de la guerra fueron también los mejores de su carrera. Una brillante actuación durante la campaña de Francia en 1940 puso bajo su mando el Afrika Korps en 1941. La incapacidad de los italianos frente a Gran Bretaña en el Norte de África le llevó a hacer lo que ellos no supieron, consiguiendo en 1942 el retroceso de las fuerzas británicas hasta El Alamein. Así ganó el bastón de mariscal y el apodo de Zorro del Desierto, ese teatro de operaciones que los clásicos siempre consideraron un paraíso para la táctica ?pues brinda un territorio ilimitado y sin obstáculos que impidan la maniobra? y un infierno para la logística ?por la carencia de suministros y, fundamentalmente, de agua, así como de infraestructuras de comunicación?. Pero la línea montada por los británicos desde El Alamein hasta la depresión de Qattara, perfectamente hundida en un terreno imposible, se hizo demasiado fuerte como para que el Africa Korps la batiera y prolongara el desarrollo más natural de su táctica. La oportunidad para la iniciativa cambió de manos, y la contraofensiva británica combinada por el general Bernard L. Montgomery rompió las posiciones alemanas, acabó con las posibilidades de que Rommel se apoderara de El Cairo y Suez, y le obligó a iniciar un prolongado repliegue sobre Túnez, aprovechado por Montgomery para desarrollar un frente de operaciones mecanizadas que acabó con la superioridad alemana en el norte de África. Puesto en 1944 al mando de un grupo de ejércitos en Francia, y herido durante el avance aliado tras el desembarco en Normandía, Rommel se retiró a Baviera. La presencia de las tropas aliadas en el continente coincidió con las sospechas nazis de una conspiración contra Hitler que podía tener muy en cuenta el pesimismo de Rommel respecto a las condiciones físicas y mentales del Führer para hacer frente a la invasión. Hitler le envió un mensajero con la insinuación del suicidio. Rommel no necesitó más.