El destierro del emperador

FÉLIX SORIA

OPINIÓN

OCURRIÓ EL 3 DE MAYO DE 1814 El 30 de marzo de 1814, las tropas de la gran coalición entraban en París, y el 6 de abril, los generales franceses más prestigiosos (Moncey, Ney y Lefèbvre) forzaban la abdicación de Napoleón, que el 3 de mayo embarcaba rumbo al destierro con el peyorativo título de emperador de Elba.

02 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Napoleón Bonaparte Ramolino era el segundo de los trece hijos de Charles, un próspero terrateniente de origen toscano, y Marie Letizia, una corsa de la que apenas nada se sabe. Nació en Ajaccio en el verano de 1769, cuando la mayoría de los isleños guerreaban contra Francia, país al que Génova había cedido la isla un año antes. Curiosamente, el padre del futuro emperador se había alineado con la resistencia, pero tras la derrota de los patriotas corsos en Ponte Nuovo y a la vista de la superioridad de la fuerza ocupante, el patriarca de los Bonaparte cambió de bando y formó parte del grupo de nobles y burgueses locales que colaboraron con la nueva metrópoli. A cambio de los servicios prestados, los Bonaparte fueron premiados por el gobernador galo con sustanciosos derechos comerciales. Esa francofilia propició que Napoleón y su hermano mayor, José (que en pleno apogeo del bonapartismo detentó el título de rey de España), pudieran estudiar en París. José se matriculó en Derecho y Napoleón, en la Escuela Militar del Campo de Marte, donde se graduó con el número 42 de los 58 alumnos de su promoción. Sin embargo, aquel alumno corso, vulgar e introvertido, adquirió los conocimientos básicos que más tarde le sirvieron para crear el primer ejército moderno de Europa. Durante varios años, el capitán Napoleón ocupó destinos insulsos en cuarteles de segundo orden (Valence, Douai, Ausonne?), período que aprovechó para leer como un poseso y adquirir el ecléctico poso cultural que, en parte, explica sus contradictorios criterios políticos, pues impuso el racionalismo en la Administración y en la Justicia, pero, al mismo tiempo, supeditó la vida y la economía de los franceses al servicio de un proyecto tan ambicioso como confuso: modernizar Europa por la fuerza de las armas. Triunfante la Revolución Francesa (1789), Napoleón actuó con rigor castrense y asumió el nuevo orden. Ya en 1793, dirigió la original defensa de Tolón, cuyo estratégico puerto estaba bajo el control de una flota hispano-británica, lo que le valió ser nombrado general de brigada. A partir de ahí la escalada del corso fue constante, entre otras cosas porque supo navegar entre dos aguas, ora haciendo guiños a los revolucionarios ora cultivando la amistad de potentados como el marsellés Clary, cuya hija Desirée, que fue amante de Napoleón, llegó a casarse con Bernadotte y acceder al trono de Suecia. El emperador, que se autocoronó en 1804, contó con el apoyo generalizado de la población hasta que regresó de Rusia, derrotado por el clima y a causa de la pésima logística de la que adoleció su ejército. La derrota final llegó el 30 de marzo de 1814, cuando las tropas inglesas, austríacas, prusianas y rusas entraron en París. Seis días después el emperador firmaba su renuncia en Fontainebleau y el Gobierno provisional, deseoso de contentar a los vencedores, humilló a Napoleón nombrándolo emperador de Elba, isla hacia la que partió el 3 de mayo. El corso abandonó su destierro en 1815 en un intento de retomar el poder, pero la aventura, que duró exactamente 100 días, se desmoronó en Waterloo (Bruselas), donde el nuevo ejército bonapartista cayó derrotado. Desterrado por segunda vez, en la isla de Santa Elena (Atlántico sur), Napoleón murió el 5 de mayo de 1821.