El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
EL AÑO pasado el paro bajó en Galicia. Pero hubo una excepción lacerante: en la Costa da Morte subió un 10%. ¿Cómo les va a las comarcas de Bergantiños, Soneira y Fisterra casi tres años y medio después de recibir el bofetón del Prestige ? Mal ¿Han sido resarcidos sus decrecientes vecinos por haber sufrido una de las mayores catástrofes ecológicas de Europa? No ¿Reciben alguna compensación por jugar a la ruleta rusa con los 13.000 buques de alto riesgo que cada año pasan por delante de su formidable costa? Tampoco. El 13 de noviembre del 2002 los parches chapuceros del Prestige reventaron a sólo 50 kilómetros de Fisterra, que ya se había fajado con el Casón . La Administración dejó sola a Galicia durante una semana interminable. Luego, medio mundo desfiló por el litoral pringoso de la Costa da Morte: Rajoy aterrizaba en Caión; Zapatero lo daba todo en Muxía; Fraga prometía «cartos» tras su lapsus cinegético; la mano enguantada del ministro de Medioambiente tocaba fuel en Barrañán; el ministro de Defensa pisaba playas negras que llamó «esplendorosas». Hasta el Rey y el Príncipe estuvieron a pie de obra. El Consejo de Ministros celebrado en A Coruña el 24 de enero del 2003 supuso una decepción para la Costa da Morte: no se contempló ampliar la autopista desde Carballo a Fisterra y hubo un cero en inversiones ferroviarias. ¿Qué pasó con lo poco que se prometió? El parador de turismo sigue siendo fume. Ninguno de los polígonos industriales prometidos existe todavía. De las carreteras anunciadas sólo está lista la de Zas a Santa Comba, que era ya una promesa añeja de la Xunta de Fraga antes del Prestige . La zona se ha quedado sin el tratamiento de choque que pedía a gritos y se desangra: es la única área de la costa atlántica que pierde población (en 16 años sus habitantes han caído un 12% y los nacimientos bajaron un 64% desde 1975). El pasado febrero, la delegada provincial de Traballo reconocía que casi un tercio de la población afronta serios riesgos de perder sus empleos. La Costa da Morte es un tesoro natural al que se le ha taponado el salto al siglo XXI. Prometer como un gran éxito una vía rápida es celebrar que se le da una aspirina a un herido grave. Un país que se permite una Ciudad de la Cultura no puede ser cicatero con su corazón más bravo. La Costa da Morte debería ser una prioridad de gobierno en Galicia. Porque se lo debemos. Y porque los necesitamos aquí... no en Canarias.