Clichés para descalificar

| GERARDO G. MARTÍN |

OPINIÓN

ZAPLANA ha sido víctima de sus mañas. En su intervención crítica contra la vicepresidenta, en el Congreso, hizo una aseveración grave: María Teresa Fernández de la Vega no cumple con sus obligaciones. Lo cual podrá ser opinable, en cuanto a la calidad de su trabajo, pero parece evidente que es una política entregada a su causa y a su cargo, con una dedicación que sería muy positivo observar en otros. La intervención del portavoz del PP iba precedida de una gracieta sobre el variado vestuario aborigen que lució la vicepresidenta en su viaje a África. No hubo reacciones por lo importante pero sí por lo accidental, con el ya conocido abandono de numerosas diputadas de partidos contrarios al PP. Las acusaciones de misoginia y de machismo contra el popular fueron innumerables, incluso en boca de la vicepresidenta, que tuvo una muy inteligente respuesta, al comparar las fotos de sus saraos a la del trío de los Azores. Lejos de mi intención y si cabe más de ánimo defender a Zaplana, que es uno de los innumerables políticos que le harían un importante servicio al país si se marcharan a casa. Pero me temo que esta vez, él, que tantas veces se hace acreedor a palos majestuosos, ha sido víctima de un hábito social que en la política se aprovecha cada día más. El machismo, la xenofobia, el racismo, la homofobia están entre los hábitos nocivos cuya erradicación tiene creciente aceptación social. Se han convertido por ello en clichés preestablecidos para descalificar. Y se utilizan con una alegría irresponsable, grosera incluso, aplicados a cualquier cosa. Con el beneficio para el que recurre a ese recurso que ofrece un mundo en el que cuenta el destello, lo que impresiona siquiera un instante, que importa más que lo importante. Es probable que Zaplana sea incluso machista, pero yo no creo que en este caso ejerciera de tal. El peligro está en que ejerza como político, no en una trifulca parlamentaria en la que han aprovechado el flanco para cuestionarlo otra vez.