Las razones de Quintana

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EN TÉRMINOS políticos resulta muy interesante la oferta que hizo Anxo Quintana para que el PP presida la comisión del Estatuto, y en modo alguno deberíamos despacharla haciendo hincapié en sus aspectos más anecdóticos (que aprovechó la presidencia en funciones para hacerse oír, que Ismael Rego se enteró por la prensa, o que Núñez Feijoo ya había reclamado por derecho lo que el BNG ofrece en un gesto de generosidad institucional). Porque, además de ser un movimiento a favor de la acción y la cooperación política, resulta altamente valorable en lo que tiene de autocrítica, de racionalidad institucional y de compromiso. Si la reforma del Estatuto se estuviese abordando con una perfecta coordinación entre el PSOE y el BNG, y con un debate delimitado por las posiciones de la Xunta (38 diputados) y la oposición (37 diputados), a nadie le cabría la menor duda de que la comisión parlamentaria debería estar presidida por un diputado socialista. Pero si el debate se hace a tres bandas, con el BNG y el PSOE disputándose la atención de Núñez Feijoo, no queda más remedio que reconocer la preeminencia del PP sobre sus contrincantes minoritarios. Y por eso entiendo que detrás de la oferta de Quintana hay un loable ejercicio de realismo y de autocrítica que el PSOE debería compartir. La forma más racional de estructurar una comisión parlamentaria es aquella en la que se reflejan las características representativas del propio Parlamento, en orden a lograr que cada uno de los debates parciales tienda a solucionarse con las mismas claves con las que ha de elaborarse el texto final. Cualquier otra posición puede llevar a diferir gran parte del debate a las sesiones plenarias, en las que el partido mayoritario vendría obligado a recuperar el terreno perdido a causa de la artificiosa organización de los trabajos. Por eso hay que convenir en que, si sólo va a haber un partido imprescindible para el consenso, es mejor que el PP dirija el proceso desde el principio y no aplace todos los conflictos para el final. Finalmente, creo que en la propuesta hecha por el presidente en funciones subyace un toque de atención al PP para que deje de actuar por simple reacción a las iniciativas del BNG y el PSOE y para que asuma un compromiso político que discurra en paralelo a la fuerza social que dice representar. Bajo la apariencia de una cuestión reglamentaria, la propuesta de Quintana implica una profunda reflexión sobre la naturaleza política del proceso en el que, como país, estamos embarcados, y cuyo liderazgo debería corresponder al bipartito si actuase como una sola fuerza, pero que irá al PP si la cohesión del pacto de gobierno no acaba de consolidarse.