PUEDE que no les resulte creíble, pero no logro recordar el nombre de la pareja de arrastre en la que me encontré por primera vez con el mar de Galicia. Insisto en recorrer los recuerdos, llamar a la memoria. Aparece nítida la cadena del timón recorriendo la cubierta, del puente a la popa, en viaje circular. Impresos en la memoria y el paladar los olores y sabores de aceite quemado usado para engrasarla. Sé todavía la humedad en la colchoneta del catre, impregnando el buzo de trabajo. Veo la maniobra de pasar el cabo de barco a barco, cobrar las malletas, izar el cope. Pero no sé el nombre. Retengo sólo aquel del hostal de regreso, el España. El baño y el primer ducados seco en un paladar de aceite quemado. Las geografías del arrastre al inicio de los años setenta eran recorridos por Galicia: seis horas de Vigo a Ribadeo, en cualquiera de las rutas alternativas. Si por Curtis o Bahamonde, o agotados de recorrer espantosas carreteras, otras. Las de Meira y A Pontenova. Nuevos territorios. En la geografía del arrastre, las lonjas. A la búsqueda de los talones de venta. En series históricas. Construir la estadística. Trabajo de titanes para una, una en singular, calculadora eléctrica. De cuatro operaciones y memoria. O, en apuros del trabajo, recuperar la vieja Minerva manual. Milagros de aquella investigación pesquera. Como la vida: ilusión y precariedad. Conversaciones entre mareo y mareo, entre muestreo y muestreo. Estómagos de faneca. Otolitos. Fantasías y faroles en torno a la edad de la pescada. Las mallas mínimas, las tallas mínimas. Hombres y más hombres. Café con aguardiente. Y azúcar, mucho azúcar. Conjuro de la escasez. Anochecidas de verano en la cubierta. Sobre aparejos. Esperando la hora. Bares de puertos. De madrugada siempre. Nunca antes de las dos o las tres. Encendido del motor. Aprendiendo un mundo, un mar. Lugares de memoria. Hoteles y pensiones. Casas de comida. Domitila en Muros. casa Pachín, Taragoña, en la ida al embarque en Santa Uxía. Allí el Moderno, o una pensión en Aguiño, y sobre todo, O Furón. La memoria, en tierra. De lo que se aprecia allí, en el mar. Como aquel lacón con grelos, novedad de los domingos, a bordo del Ribadeo . Desde un mar. Tal vez Terranova.