Los otros conflictos

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

TIENE RAZÓN la organización Médicos sin Fronteras (MSF) al subrayar en su informe anual que existen graves conflictos en el mundo a los que no prestamos la menor atención. Contamos uno a uno los muertos en Irak, y hacemos bien, pero nada o casi nada sabemos de los dramáticos balances de víctimas en la República Democrática del Congo, Chechenia, nordeste de la India, norte de Uganda, Costa de Marfil, sur de Sudán, Somalia, etcétera, cuando en cualquiera de estos conflictos se baten los luctuosos récords de Irak. La sola descripción de la extrema penuria congoleña y de la violencia diaria que sacude a esa comunidad probablemente levantaría protestas harto justificadas en el mundo entero. Sin embargo, pasan totalmente desapercibidas. Andrew Tyndall, editor de The Tyndall Report , una publicación digital que rastrea lo que publican los medios de comunicación, ha señalado que los diez conflictos o catástrofes más destacados por Médicos sin Fronteras ocuparon en los noticiarios nocturnos de las tres principales cadenas televisivas estadounidenses sólo ocho minutos de media cada uno, de un total de 14.529 minutos de información. La República Democrática del Congo mereció seis minutos y Chechenia, dos. Cifras que son perfectamente trasladables a la internacionalista Francia o a España. Y esto es un nuevo desastre que multiplica las proporciones de los ya existentes. Porque, como bien señaló Rafael Vilasanjuán, director general de MSF en España, «el silencio es el mejor aliado de la injusticia». Si los focos mediáticos alumbrasen la realidad de algunos conflictos, la reacción de los ciudadanos haría que se involucrasen Estados y organizaciones, y que los culpables no disfrutasen de una impunidad tan sangrienta y duradera. Porque no hay duda del impacto positivo que la cobertura informativa ha tenido en otras situaciones calamitosas. No las remedia, pero pone la lupa sobre su verdadera faz y hace que otros -sobre todo los políticos- empiecen a moverse. Es lo que podemos hacer ante esos otros conflictos silenciados: denunciarlos imparablemente. No hacerlo nos convierte en cómplices. Aunque no lo sepamos.