LA Asociación de la Prensa de Madrid (APM) se ha premiado a sí misma al otorgarle el sábado el Premio Miguel Moya a Santiago Rey Fernández-Latorre, presidente y editor de La Voz de Galicia. Si el galardón se ha concebido para distinguir «a editores, políticos, científicos e intelectuales que destacan en el periodismo», no cabe duda de que han acertado en el destinatario. Santiago Rey ha venido haciendo públicas en los últimos años unas reflexiones lúcidas y comprometidas en defensa de un periodismo libre e independiente que han llamado poderosamente la atención en el país, sobre todo en unos tiempos en que la contaminación de intereses parece silenciar a tantos. Sus palabras de alerta han sonado con claridad en el momento oportuno, y se han hecho oír especialmente al referirse a la realidad gallega y al riesgo de que perdamos el último tren del desarrollo. La suya es una voz educada, pero no una voz de componendas y acomodos. Dice lo que quiere decir de un modo directo y claro. Y esto no les gusta a todos. Pero sí nos gusta a quienes creemos que sin el periodismo que él defiende no existe una sociedad moderna y democrática, sin chanchullos ni prebendas. Por eso el premio es tan idóneo y está tan bien dado. En buena hora.