LA PRIMERA obligación económica de un gobierno no es invertir ni crear puestos de trabajo. Eso lo hacen los empresarios, a pesar de que sean los ministros quienes sacan pecho. Lo que tiene que hacer un gobierno es crear confianza en los inversores. Ahora tenemos la fortuna de contar al frente del equipo económico con un hombre, Pedro Solbes, que inspira esa confianza y se dedica a crearla. Él solo equivale a todo un gobierno por su rigor y credibilidad. Entre tantos ministros quemados, frívolos y de talla manifiestamente mejorable, Zapatero tendría que besar por donde Solbes pisa: es el hombre que, al terminar el año, le permite salvar la cara entre tanto desbarajuste político. Ayer lo pudimos escuchar al término del Consejo. Hemos visto a un gran vendedor de optimismo. Cuando el barómetro del CIS acababa de decir que la fe en la economía había bajado diez puntos, Solbes revela que la confianza se mide por el consumo y la inversión, y ambos factores siguen al alza. En consecuencia, los augures de la crisis tendrán que esperar otro año para buscar por ese lado la caída de Zapatero. En lo que se refiere a los datos, dan ganas de decirle: Dios le oiga, señor Solbes. Dios le oiga, porque mire que las cifras del día son inquietantes: una inflación que dobla la media europea, nos empobrece en el interior y nos cierra más las puertas de los mercados exteriores. Dios le oiga, porque también es noticia del día que el euríbor lleva una escalada peligrosa, ya es el peor de los últimos tres años, y hay muchos españoles que se ponen a temblar ante los próximos recibos de hipoteca. Dios le oiga, porque este país termina hoy un año muy deprimente en lo político, con un debate territorial que nació sin proyecto, sin proyecto sigue, consume todas las energías y no aporta nada a la construcción del país. Dios le oiga, porque entramos en el 2006 con un clima de enfrentamiento entre los grandes partidos que sube cada hora que pasa, sólo transmite desasosiego al ciudadano y está claro que la crispación ahuyenta al inversor. Dios le oiga, porque sólo una economía saludable puede aportar tranquilidad cuando los ejes básicos de la política de Zapatero (autonomías, ETA) tardan tanto en dar resultados. Y Dios le oiga, sobre todo, porque España irá bien mientras su economía vaya bien. Pero si llega a mezclarse una política emponzoñada con una economía asustada, entonces sí que podremos estar a las puertas del caos. Parece una oración, ¿verdad? Pues lo es. Hay ocasiones -cuando cambia el año, por ejemplo- en que la mejor terapia es ponerse a rezar.