Una tragedia

OPINIÓN

28 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

VAMOS a tener que hacer un par de doctorados y otros dos o tres másteres para poder entender comportamientos que en los últimos tiempos empiezan a ser habituales. Y aun así, aun siendo especialistas en mezquindades y absurdos, no nos va a resultar nada fácil explicar y comprender por qué se producen. Por qué algunos no dudan en aprovechar los despojos para lograr cumplir sus objetivos. Utilizar los comunicados de una banda terrorista como arma arrojadiza contra el adversario es una de las mayores bajezas que hemos tenido que soportar en los últimos tiempos. Tratar de poner a la misma altura a unos asesinos que disfrutan descerrajando tiros en la nuca y a unos parlamentarios que aprueban un texto estatutario, por mucho que no nos guste, resulta inaceptable. Y hacerlo reiteradamente, a sabiendas de que lo que se está haciendo, además de ser inmoral, empieza a colocarnos próximos a la demencia y al disparate. Porque ahora resulta que los comunicados que firman los etarras, entre coche bomba y coche bomba, es lo que se convierte en acto de fe para descalificar y arremeter contra todo lo que se mueve. Aderezados con conjeturas e hipótesis, esos comunicados se utilizan en beneficio propio sin importar demasiado que con ello se le está siguiendo el juego a los terroristas. Sólo en ese clima de paranoia que están creando se entiende que alguien, en nombre de las víctimas, pueda pedir la expulsión de España de la ONU. En la presentación del libro de Federico Trillo, este fin de semana, Mariano Rajoy ha sido rotundo. No se puede «hacer política de las tragedias». «La verdad siempre acabará triunfando y la conciencia tranquila es el mayor bien que se puede poseer». «Hay cosas con las que no se puede jugar». Se refería el líder del PP a la tragedia del Yak-42. Por lo visto, no piensa que el terrorismo sea una tragedia.