SE ACABA de inaugurar el nuevo tren de alta velocidad entre Madrid y Toledo. Para tan insigne evento estuvieron presentes Zapatero, el ministro de Defensa, la ministra enterradora del Plan de Galicia: nuestra mala nena de los pecados. También dejaron subir al tren a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a quien le obligaron a sacar billete y no la dejaron decir ni mú. Y eso que la iniciativa del tren veloz se debió al alcalde de Toledo y al entonces ministro Cascos. Se ve que en el entorno del PSOE, sobre todo después del contundente discurso en el Senado que heló la sonrisa al presidente la temen más que a un nublado. Pero pese a las mezquindades y ninguneos de quien se ha quedado ya sin talante que vender a falta de otra mejor realización gubernamental, se trata de un gran logro pues se puede hacer el trayecto entre Madrid y Toledo (la distancia aproximada entre Coruña y Santiago) en un cuarto de hora. Aunque el servicio para la ciudadanía que carece de chofer o coche oficial podría mejorarse si los aparcamientos en ambas estaciones fueren gratuitos o módicos al menos. O bien hubiera un buen servicio de transporte público hasta la estación. Al antiguo AVE le van a liquidar la E con una oportuna perdigonada ahora que se ha levantado la veda para que no se cabreen los del tripartito. Como otro pago a cuenta de quienes parece que van a conseguir llevarse un diecisiete por ciento del presupuesto de la ministra amiga de Galicia. Mientras el AV a la gallega puede seguir esperando. Cuando llegue si llega quizás no le quede ni la V ni la A. y es que al fin y al cabo siempre nos quedará el TALGO. Y la autopista de peaje. Y la gasolina más cara de España. Y ....