19 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.
HACE ahora tres años, la catástrofe del Prestige y, sobre todo, la lamentable evaporación de los poderes públicos, sirvió para desmontar ante el mundo uno de los tópicos con los que cargamos los gallegos. No vivimos arrodillados ante la fatalidad. La dignidad de todo un pueblo, viejo pero vigoroso, quedó patente a los ojos de los que quieren ver. Pero la tragedia de tan mal recuerdo, y de consecuencias aún por evaluar, no puede convertirse en sólo una etiqueta en el calendario. Hace bien el presidente Touriño en buscar algo más. Garantías de que nunca más sufriremos como hace tres años.