El mundo está cambiando

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

17 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LA GLOBALIZACIÓN de la sociedad y de la economía fueron el contrapunto de un cambio tecnológico y organizativo propiciado por las nuevas tecnologías del transporte y de la comunicación que en una primera instancia condujeron a una apertura de los flujos financieros y del comercio a una escala internacional antes desconocida. Aunque ya en la historia haya habido otros movimientos internacionalistas, ni en sus dimensiones ni en su significado guardan relación con la globalización. Ello no impide que algunos historiadores llevados por el afán de novedad intenten aplicar al pasado los conceptos actuales. Relaciones de causa-efecto como ésta sí que han tenido lugar en otros momentos históricos, como ocurrió con la Revolución Industrial, de la que nació poco a poco la llamada sociedad, después la ciudad industrial. Estos cambios han sido siempre secuenciales y, aunque el cambio tecnológico y organizativo va siempre por delante, posteriormente se van desgranando sus efectos en los diferentes ámbitos, hasta producir una transformación total del marco en que nos movemos. Ahora está ocurriendo lo mismo. Nos parecía que el modelo del capitalismo neoliberal, que el modelo del estado de bienestar, que el modelo de las democracias occidentales, que el modelo de desarrollo o el del comercio internacional habían alcanzado un estado de estabilidad. Pero poco a poco los acontecimientos nos van haciendo pensar que algo está modificando las bases de la sociedad industrial desarrollista en cuyos epígonos estamos viviendo y existiendo. Los problemas sociales de las ciudades francesas y europeas en general son una manifestación más de que las políticas urbanas y sociales deben ser repensadas sobre bases de solidaridad y equilibrio, superadoras de estrategias excesivamente basadas en la imagen y por ello también excesivamente superficiales. Las crisis económicas encadenadas de los países europeos, y de otros, así como el reposicionamiento de muchos países en desarrollo hasta hace poco interlocutores pasivos, y los cambios que se avecinan en el nuevo marco competitivo del comercio internacional, auguran un nuevo escenario mundial de múltiples consecuencias. Ya estamos viendo cómo las discusiones sobre el futuro económico de la Unión Europea y de su posicionamiento frente al gigante asiático pueden alterar sustancialmente las políticas proteccionistas llevadas a cabo en los últimos años, y en particular las políticas subvencionadoras del sector primario, es decir de la agricultura, la ganadería y la pesca. Todo ello, unido al necesario replanteamiento del sistema energético mundial, puede conducirnos hacia un marco totalmente nuevo y sobre todo diferente. En ese nuevo escenario debemos pensar cuando intentemos proyectar el futuro de nuestros territorios, de nuestras ciudades, de nuestras comarcas rurales, de nuestras alianzas territoriales, en fin, en toda la estrategia convencional hasta ahora vigente. Y para ese cambio hace falta capacidad de innovación, imaginación y creatividad. Los modelos viejos empiezan a mostrar signos de obsolescencia, y las cabezas de muchos de nuestros gobernantes, también. Tal vez por ahí haya que iniciar el cambio, por una sustitución de una clase política que muchas veces nos parece el resto de un mundo que ya no funciona. No cabe duda; tenemos mucho en qué pensar porque el mundo está cambiando. ¿Y nosotros?.