El cambio se hace tangible

OPINIÓN

EL CONSELLEIRO Suárez Canal acaba de anunciar la paralización de 247 obras que, contratadas de forma precipitada, y con criterios de eficiencia muy dudosos, tenían hipotecada, para tres ejercicios, la acción política de la Consellería de Medio Rural. La mayor parte de estas adjudicaciones se habían realizado cuando el PP ya había perdido las elecciones, y, poniendo de manifiesto una grave carencia de lealtad institucional, estaban orientadas a mantener la inercia localista y clientelar que caracterizó la gestión de los últimos años. Un día antes de que lo hiciera Suárez Canal, también el conselleiro de Medio Ambiente había paralizado 37 proyectos hidráulicos que, algunos en trámite y otros aprobados, tenían el tufo insoportable del favor hecho a los amigos en la rampa de desembarco. A Pachi Vázquez le sobra experiencia para detectar estas prácticas, y decisión para frenarlas en seco. Y por eso cabe esperar que, tras su tirón de orejas a las concesiones de José Manuel Barreiro, se inicie una política de perfecto equilibrio entre desarrollo y medio ambiente. Siguiendo la misma línea, y anticipándose a sus propios colegas, la conselleira de Cultura anunció su decisión de repensar, si todavía es posible, el mausoleo del Gaiás. En el caso de la Cidade da Cultura estamos hablando de 320 millones de euros ya adjudicados, sin que exista una memoria consolidada de la demanda y de los costes de equipamiento, reposición y funcionamiento que lastran esta desmesurada ocurrencia. Y por eso podemos hablar de un dramático dilema en el que todas las decisiones que cabe adoptar (terminarla, pararla, modificarla, redimensionarla o pintarla de rojo) tienen graves inconvenientes. Cerrando este círculo inquietante, el presidente de la Xunta también encargó una especie de auditoría que, lejos de quedar reducida a un estudio de la situación financiera, como se deduce de las palabras de Pérez Touriño, debería incluir un diagnóstico económico de la Galicia actual, y una evaluación general de las políticas de cohesión -¡si las hubo!- impulsadas por el PP. No faltará quien piense que todo esto es revanchismo, y que la buena política se hace mirando hacia delante. Pero yo tengo la convicción de que estas revisiones y denuncias le sientan de maravilla a la democracia, y que no hay mayor traición al pueblo que tapar la ineficiencia y el de-sorden con el dinero público. Los técnicos de hoy definen el gobierno como una «asignación ejecutiva de los recursos públicos» (David Easton), y por eso es evidente que, si nadie hubiese emprendido el camino de Suárez Canal, Pachi Vázquez y Ánxela Bugallo, seguiríamos gobernados por el PP. Así de simple. Así de alucinante.