TRESCIENTOS euros. Ese es el precio de una pistola en el mercado negro, pero ni siquiera demasiado profundo, de Portugal. Cientos de armas cruzan al año la antigua frontera, para abastecer manos gallegas o cargadas y con una dirección en la cabeza de su portador. Desde la desaparición de Collarte en 1999 en Valença hasta el asesinato del lunes en Tui, una larga lista de sucesos se suceden aumentando una alarma social que sólo se frena en cierta manera, como en este último caso, con rápidas y efectivas actuaciones. Pero los tiros disparados a una madre que para en el arcén con su pequeño; el ataque a un hombre cuyo coche se ha averiado, y decenas de casos similares han sembrado el miedo junto a la frontera, donde el precio de la vida sólo parece valer 300 euros.