AL pulmón industrial gallego le hace falta oxígeno. En seis años, la fábrica viguesa de Citroën, que soporta casi el 90% de las exportaciones de la provincia de Pontevedra y todavía emplea a más de nueve mil familias, ha visto caer un 11% su producción. Más de un lustro sin fabricar un nuevo modelo explica en gran medida esta caída. A cambio, el suelo de la planta automovilística gallega presume de estar muy por encima de la media de producción española y sigue codeándose entre la élite europea. Y a cambio, la fábrica alimentó en una década un sector auxiliar que hoy ya genera cifras de empleo y negocio iguales a las de PSA en Vigo. Hace falta oxígeno, es cierto. Y en septiembre llegará una buena bocanada con la producción en serie del nuevo modelo Picasso. Pero queda mucho pulmón.