Casi inexistente

CRISTÓBAL RAMÍREZ

OPINIÓN

MAURITANIA casi no existe. Con dos terceras partes de su territorio convertidas en puro desierto, sólo su pesca, su hierro y el contrabando de coches le conceden un lugar en el mapa. Por suerte para el mundo desarrollado, el jefe del Estado ahora depuesto se había manifestado prooccidental y hasta reconoció a Israel. A su vez, el país era el siguiente eslabón de las apetencias de Hassan II, empeñado en revitalizar la desequilibrante paranoia del Gran Marruecos: el propio Marruecos, el Sahara y Mauritania. Poca gente sabe con exactitud dónde está el país. No daba quebraderos de cabeza: ni petróleo ni fundamentalistas. Lo primero no cambiará, pero de lo segundo habrá mucho que hablar. Ese es el problema de dar un golpe de Estado en un país que, hasta ahora, casi no existía.